Ha sido revelador y explosivo el tráfico de correos que me han llegado sobre situaciones postpandemia que se relacionan a la vida en pareja y a la forma en cómo esta se transformó para mucha gente. La vida sexual y la sexualidad ya son cambiantes en sí, pero un episodio tan intenso en nuestra historia sexual y afectiva, fue el confinamiento.
No quisiera en esta ocasión tratar un solo caso, ni tampoco puedo solucionar por mi cuenta todos, ya que no soy médica, pero en el caso de las parejas encerradas durante mucho tiempo en la pandemia y juntas, se desencadenan reacciones que no eran previsibles antes en los escenarios prepandemia.
Entre los correos más notables de esta postpandemia, fue el de una mujer que se acaba de divorciar luego de haber estado “contentada” con su esposo durante todo el encierro. Apenas se dieron los primeros brotes de libertad en Monterrey, el esposo salió y encontró una novia en una de sus alumnas, la llevó a la casa familiar mientras la esposa no estaba y cuando fue sorprendido por su adolescente hijo con discapacidad y su esposa ofendida, ella se dio a la tarea de divorciarse. Aunque la fiesta no necesariamente es la terapia, será necesaria para ella y su hijo ante esta transformación absoluta de sus vidas en solo unas semanas.
Muchos de los correos son solicitudes a abogados o abogadas que he recomendado en el pasado para procesos de divorcio, y creo en el mejor de los casos, las personas se están divorciando tras haber vivido en paz, la prueba más definitoria y definitiva entre dos personas que pretenden vivir en pareja juntas bajo un techo. Quienes lo lograron en el mismo territorio y viéndose las caras, creo que han conseguido récords heroicos.
Así es uno de estos casos a los que estoy asesorando, pero no para que se contenten y reúnan, sino para que acepten las muchas diferencias que tienen entre sí y hagan la paz con ello, antes de divorciarse necesaria y urgentemente.
En tiempo de encierro muchas de las parejas en discordia tuvieron que vivir juntos soportando su miseria, estuvieran casados o solo juntados. Hubo varias parejas de novios temerarias que decidieron estar juntas y ahora se están abandonando o buscando opciones fuera del confinamiento. Uno de los señores que me escribió, me dijo que el encierro y la estancia con su pareja durante este, le hizo comprender que él no nació para vivir con nadie.
En julio del año pasado, en un artículo publicado por Medicentro Electrónica (Hernández, J., 2020), una revista de medicina de Cuba, se mencionaba ya la gravedad del impacto de la pandemia en la salud mental de población.
Apenas a cuatro meses de iniciado el encierro, las preocupaciones de los especialistas en salud mental eran: la incertidumbre, las rutinas alteradas, las presiones económicas, el aislamiento social, el miedo a enfermarse, amén del impacto diversificado de ello, de acuerdo con la población.
En muchos de los casos de separaciones en pandemia, algunas de las parejas que han aceptado terapia por parte de especialistas sobre el tema, quizás puedan no solo reactivar su vida sexoafectiva, sino también un sector que se ha visto deprimido como el de los terapeutas, sexólgos, sicólogos y personal de atención a la salud sexual y afectiva. Sé que suena cínico, pero es parte del sentido comunitario que también es urgente activar a medida que los semáforos declaran más libertad.
La postpandemia, sea lo que esto signifique, va a tener también rebote.
Nos vemos en las redes sociales en #Ivaginaria en Facebook, Twitter e Instagram.
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