Arte

Publicado el lunes, 16 de agosto del 2021 a las 04:00
Saltillo, Coah.- Para el artista plástico Alejandro Cerecero un pintor debe de ser como un deportista, por ello “se entrena durante meses solo para dar la excelencia durante 45 minutos de juego”.
La analogía surge porque un pintor debe dibujar durante dos horas para que la mano se suelte al último momento, apunta, y aprender esa disciplina le ha llevado 55 años de trayectoria en la que los cambios han pasado por su trabajo, estilo y temas, pero en la que siempre han existido puntos de cercanía, de una verdad poética en su trabajo.
Ejemplo de esto es Pasiones, una muestra que presentó hace tres décadas en el Centro de Artes Visuales e Investigaciones Estéticas (Cavie) y que tuvo un remake en este 2021, quizá como una metáfora de recomenzar a partir de lo ya creado, y que este año se construye en las ruinas que dejó el 2020, dando paso a eso que se ha venido a llamar “nueva normalidad”, pero sobre todo para mostrar que existe aún una “validez y actualidad del discruso que reune gran parte de mi trabajo” con la intención de “establecer lazos con nuestro pasado inmediato y propiciar la existencia de puentes transgeneracionales”, como apunta en la hoja de sala de la muestra.
Esta exposición, que se inauguró el sábado en la Taberna El Cerdo de Babel, es la tradicional muestra que Cerecero expone anualmente en agosto para celebrar el aniversario del centro cultural y que ahora se revela como una oportunidad de confrontar a su yo joven y ver, también, cuánto ha cambiado.
“
(El Alejandro de antes) tenía mucha chispa, mucha cuerda y mucha fuerza propia de la juventud. Eso no quiere decir que me sienta menos ahora, pero puedo notar que había mucha frescura, porque a medida que uno va creciendo va adquiriendo un compromiso con la gente, consigo mismo, convenciones, conceptos y eso nos hace rígida la chaqueta que nos ponemos como artistas. Pero cuando eres chavo gritas, hablas y dices. En esta exposición noté eso”, comentó Cerecero a Zócalo en entrevista.
Cruce de caminos
Pero si algo puede notarse en las obras que conforman Pasiones es que el también arquitecto es todo, menos un hombre que se anquilose con el paso de las décadas. Así, la diversión, la frescura y la experimentación formal se revelan como cruces o terminales en la ciudad del arte. Este concepto lo ejemplifica el mismo Cerecero en un mapa que simula una estación de metro en el que se dibujan corrientes, estilos y formatos.
Así, cada una de esas líneas representaban algo personal para el joven Cerecero y sus facetas. En la que estaba el artista hedonista: “pintar por el placer mismo de trabajar con un material”, por ejemplo. Pero también la visión del profesional simbolizado por la carrera de Arquitectura y su forma de pensar, de esta, apunta “no puedo negar que algunas de mis obras tienen influencia de ese arte”.
Por otra parte está el Alejandro Cerecero que recicla materiales, que canibaliza sus influencias y que roba ideas de otras disciplinas: el cine y la poesía, pues para él “la pintura es un poco literaria, por los temas, metáforas y alegorías”.“
El mapa de las tendencias ha quedado atrás, ahora hay un universo de ellas, constelaciones sin fin. Yo no puedo alejarme mucho de lo que he hecho para no perderme, porque la búsqueda de técnicas, temas y soportes hace que se pulverice un poquito la técnica, porque no estás enfocado en un estilo y la gente puede desconocer un trabajo tuyo” y es por ello que al ver piezas como La Mujer del Crucigrama, un cuadro gigante en el que una figura femenina semidesnuda posa al lado de uno de los juegos de periódico puede decirse que es una obra de Alejandro Cerecero, pues conserva “el estilo, algo que puede decir que es tuyo”, como apuntó.
Mezclas de todo
Estas últimas palabras resuenan al recorrer la cuantiosa exposición en la que las sátiras sociales y políticas como los rostros del obispo José Raúl Vera López, posa al lado de la rabiosa tez de Donald Trump. Pero también en los que la cultura popular de Star Wars comparte espacio con Sor Juana Inés de la Cruz, Edgar Allan Poe, Carl Gustav Jung y Sigmund Freud.
A esa mezcla de temas y obsesiones se le suma, además, la unión de técnicas. Ahora, Cerecero utiliza la tecnología a su favor: en su computadora crea las composiciones de sus cuadros, después los proyecta en el lienzo y, ahí crea un punto con su joven pintor: regresa al trabajo manual, al dibujo a pulso.
“
Defiendo mucho el trabajo manual de la pintura y, aunque me gusta mucho el trabajo digital, defiendo mucho más el trabajo pictórico, el hacer”, explica. “Realmente el trabajo reciente de 15 años al ahora trabajo en conjunto con la computadora, pero regreso, siempre vuelvo al trabajo manual, a lo que se llama el misterio de la pintura. Porque cuando estás metido en la pintura, logrando los efectos, pegado y conectado con la técnica te das cuenta de que eso solo se logra con una cosa: entrenar durante meses solo para ese momento exacto”, comentó.
el también creador de la estatua de El Cerdo Beodo, que año con año otorga la Taberna a un personaje destacado de la cultura local.
Las obras de Cerecero se han expuesto en más de 55 exposiciones individuales a nivel nacional en Veracruz, Zacatecas, San Luis Potosí, y a nivel internacional destaca Mallorca, Alicante y Sineu en España, así como San Antonio, Texas. Pero son, sin duda, estas muestras anuales en el Cerdo las que lo mantienen “joven y con la mano ocupada” y, claro, preguntándose algo: “¿ya revisó su existencia?”.
Más sobre esta sección Más en Arte
Hace 13 horas
Hace 13 horas
Hace 13 horas
Hace 1 dia
Hace 1 dia
Hace 1 dia
Hace 1 dia
Hace 1 dia
Hace 1 dia
Hace 1 dia
Hace 2 dias
Hace 2 dias