De ahora en adelante cada vez que me pregunten qué opinión me merece Claudia Sheinbaum, contestaré “sin comentarios”, tal como respondió la Presidenta, durante su mañanera del 10 de octubre, cuando le preguntaron, sobre el Premio Nobel de la Paz otorgado a María Corina Machado.
¿Qué clase de respuesta es esa cuando a todo el mundo, especialmente a las mujeres, nos dio tanto gusto este galardón, tratándose de una mujer latinoamericana?
De allí que me hubiera dado tanta satisfacción leer en la sección de nuestro periódico: “El lector escribe”, la carta de Lola Riva Palacio, de la Ciudad de México: “No, Claudia, no, por favor.
“No digas ‘sin comentarios’. Representas a millones de mujeres que votaron por ti. Y de estos millones quienes sí entienden lo que es el Premio Nobel, se alegraron y se sintieron orgullosas de que el galardón de la Paz se lo dieran a María Corina Machado.
“Participo con regocijo de ese indiscutible merecimiento. Afortunadamente puedo decirlo fuerte y de frente porque no hay nadie que me susurre al oído que no me manifieste a favor de una luchadora social y defensora de su pueblo bueno y sufrido porque puede molestar al dictador que lo tiene sometido”.
Tiene absoluta razón doña Lola, coincido en que la Presidenta no parece ser libre, de hecho su expresión facial la traiciona, siempre parece estar entre la espada y la pared, en cuanto a cualquier tema que tenga que ver con la ideología de López Obrador.
¿Por qué diablos contesta así? ¿Qué de verdad no tiene ningún comentario ante lo evidente que Maduro es un dictador y que no ganó las pasadas elecciones presidenciales? Para escudarse recurre a una retórica vieja y obsoleta. La primera vez que fue interrogada al respecto dijo: “Nosotros siempre hemos hablado de la soberanía y autodeterminación de los pueblos.
No solamente por convicción, sino porque así lo establece la Constitución. Y me quedaría hasta allí el comentario”.
María Corina Machado, lideresa de la oposición venezolana, lleva muchos años luchando por la democracia y libertad de su país.
Desafortunadamente no pudo postularse para las pasadas elecciones presidenciales, fue por esa razón que apoyó al candidato no partidista Edmundo González, que sí ganó las elecciones por más de dos a uno, según encuestas independientes.
Muchos venezolanos y venezolanas votaron por González, sabiendo que María Corina estaba apoyándolo a él.
No hay que olvidar que ella llevaba más de 20 años enfrentándose al dictador Chávez y después a Nicolás Maduro.
En 2024, ella misma escribió en el Wall Street Journal: “Escribo esto desde la clandestinidad, temiendo por mi vida, mi libertad y la de mis compatriotas de la dictadura dirigida por Nicolás Maduro”. Quién le iba a decir a Corina que en el 2025 seguiría en la clandestinidad en su país, Venezuela. La última vez que vio a sus dos hijos fue en la Navidad del año pasado, desde entonces no los ha vuelto a ver.
Dice Bret Stephens, periodista del New York Times, que hay dos opciones para que Maduro deje el Gobierno, la primera consiste en que el premio Nobel de la Paz llame mucho la atención sobre el régimen de Maduro, pero como en otros casos, como el premio de la Paz del 2021 a Dmitry Muratov, director del periódico independiente ruso Novaya Gazeta, no logró nada para perturbar el Gobierno de Putin.
El premio del año 2023, a la activista iraní de derechos humanos Narges Mohammadi, tampoco logró que la liberaran de la cárcel. “La mejor manera de lograrlo es ofrecer a Maduro y a su círculo íntimo el equivalente de la opción Bashar Al Asad: el exilio permanente en un Estado amigo, si no Rusia, probablemente Cuba”.
Esta es la opción por la que más parece inclinarse Trump: “el cambio de régimen”.
María Corina sabe la fuerza que tiene Trump, por eso, al llamarle por teléfono y decirle que le dedicaba el premio Nobel de la Paz, en realidad le estaba haciendo un guiño para tenerlo como aliado, porque como le dijera a la BBC: “no se irán al menos que se dé cuenta de que existe una amenaza creíble, de que las cosas van a empeorar cada día que pase para ellos”.
Por último, le diríamos a Claudia que deje de escuchar a su mentor y que mejor escuche las voces de los pueblos oprimidos aunque sean de izquierda.
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