Uno de los trabajos eternos en consulta sexológica y con canalización al urólogo es la disfunción eréctil o incompetencia eréctil. Muchas personas le siguen llamando impotencia, término que no solo arruina la autoestima de los hombres, sino que los deja como personas no reproductivas, que eso es lo que al final de cuentas les causa más complejos.
Pero el problema de la incompetencia eréctil es que, como todas las disfunciones masculinas, solo se trata el aspecto fisiológico y nunca el sicológico y sexológico. Que una erección falle, es decir, que no se ponga duro el pene, es una situación común de todos los hombres en cualquier edad, pero a partir de los 35 años la calidad de las erecciones puede no ser la misma.
En 1998, cuando apareció la Viagra en el mercado y se suscitó la verdadera liberación masculina, muchos pensaron que el problema estaba resuelto. Pfizer, la empresa farmacéutica creadora de Viagra, quizás lo único bueno que hizo fue tasar la calidad de las erecciones y ser muy puntual en lo que cada persona debía hacer para tomar el medicamento: ir con el urólogo, que se revisara su condición física y también que se fuera responsable con la ingesta de la pastilla.
Luego vinieron Cialis, Levitra, etecé. De tomar una pasta a inyectarse la base del pene como antes sucedía con algunos remedios para la disfunción eréctil, es notorio que el mundo cambió mucho, y como siempre la ciencia actuó a favor de la salud sexual de los hombres. Primero se les ocurrió crear un medicamento para lograr que se endurezca el pene que crear un método antifecundativo para ellos. Cosa que no existe hasta este momento de forma efectiva. La responsabilidad reproductiva sigue recayendo en las mujeres e incluso la culpa de reproducirse cuando ninguno de los implicados lo desea.
Lo interesante es que el remedio cómodo de ninguna forma resuelve el problema de la no erección.
La Viagra y amigos que le acompañan son las aspirinas de los señores que no se les pone dura, porque principalmente el primer trabajo es deslindar a la erección de lo que es “ser hombre”, “hombría”, “masculinidad”, “ser un verdadero hombre”, “funcionar como hombre” y “cumplir como hombre”. Hoy en día ni siquiera el pene es necesario para que un hombre lo sea, porque la masculinidad y todos sus avalorios ha sido construida alrededor del falo.
La relación sexual coital, la que necesita un falo erecto, es también parte de la coitocracia en la que manejamos todos los valores del “buen sexo”. Sí, sin coito puede haber un buen sexo e incluso muchas mujeres gozan más de lo que llaman previo o excitación que de la penetración. En conclusión, existe una buena conexión y actividad sexual sin coito.
Pero además de que arreglar un coito y una erección ha sido misión de las farmaceúticas, ninguna se ha ocupado en primero advertir que, antes de buscar la aspirina azul, los señores deben de cuidar su calidad de vida: no comer grasas, no beber el exceso, revisar sus niveles de azúcar, mantener una buena condición física.
Dejé hasta el final las drogas, en especial la cocaína, que es muy nociva para las erecciones y el cigarro es el enemigo número uno del pene. Mi generación fue de hombres que empezaron a fumar muy jóvenes y ahora son esclavos del sildenafil.
Otro de los riesgos de los medicamentos para la disfunción eréctil es que siempre están conectados con otras drogas en la escena gay, al ser combinados con coca, poppers, alcohol y demás reventadores.
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