Arte
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Grupo Zócalo
Publicado el lunes, 10 de agosto del 2026 a las 04:05
Valdemar Ayala Gándara| Saltillo, Coah.- El sábado, la 79a. Muestra Internacional de Cine me dio la oportunidad de conocer el arte del director filipino Lav Díaz, del que tantas referencias críticas muy positivas había tenido. Y su filme Magallanes (2025) me ha generado un total interés por conocer el resto de su obra.
La película es un ejemplo admirable de cine puro, y con ello me refiero a que propone una visualidad virtuosa que confía en el poder de las imágenes para mostrar una visión del mundo creando el suyo propio, paralelo y estético, histórico y dramático sin aspavientos, con fuerza referencial y capacidad de síntesis que puede producir admiración, reacciones emotivas y valoraciones éticas en las y los espectadores capaces de identificar en la pantalla los elementos que se fraguando durante su duración.
El sistema visual me parece monumental, por consistente, riguroso y seductor, gracias a soluciones formales que establecen una poética autoral donde, a la par de Díaz, contribuye de manera muy sobresaliente su colaborador Arturo Tort, nacido en España. Tan esencial es el vínculo creativo entre ambos, que es de admirar con sorpresa la información de los créditos, que los señala como coautores de la fotografía pero también –y en ello radica lo excepcional– de la edición, lo cual confirma las aspiraciones artísticas que persiguieron en este proyecto, alcanzadas como logros imposibles de soslayar.
Entre los rasgos de la visualidad de la película que la hacen impresionante, están: la elección del formato de pantalla 4:3 para condensar todo lo representado; la sistemática organización de las composiciones a partir de puntos áureos; la aplicación del sistema de zonas para construir los planos a profundidad; la filmación con lente gran angular, que permitió recalcar la modulación de las imágenes en algunas escenas; el uso de diagonales que dinamizan notoriamente numerosos encuadres; la tendencia a filmar con sutiles picados y contrapicados en función de los elementos dentro del campo visual y la situación dramática representada; la nitidez de todas las distancias focales para acentuar la materialidad de los entornos (salvo en las escenas con sentido onírico y concepciones simbolistas); la distribución equilibrada de las bandas horizontales al interior de ciertos recuadros; el manejo pictoricista de la luz que abreva de un estudio formal del arte de maestros del romanticismo y el barroco –como Géricault y Zurbarán–, y la elusividad permanente para renunciar a composiciones basadas en la centralidad, la simetría o cualquier otra distribución equilibrada del espacio (porque la historia representa personajes desequilibrados, sea por sus ambiciones expansionistas y barrocas, por sus duelos emocionales y afectivos, o por su sufrimiento indígena al padecer la violencia fisica y los abusos simbólicos de los invasores europeos, quienes blandieron la espada y la cruz para imponer con sangre sus creencias).
Aun considerando la patente singularidad de su estilo al crear Magallanes, Díaz muestra la influencia inocultable de uno de los cineastas más grandiosos que ha habido. Por la temática tratada, por el significado de la trama, por el realismo casi documental al recrear entornos exóticos de relevancia histórica, e inclusive, por la manera sutil pero espectral de mostrar en las escenas oníricas a la mujer de Magallanes, Beatriz Barbosa (Ângela Azevedo), son evidentes los vínculos del trabajo del director filipino con el cine de Werner Herzog, autor de Aguirre, la Ira de Dios (1972), Cobra Verde (1987) y Fitzcarraldo (1982), pero también de Nosferatu, el Vampiro (1979), donde el maestro alemán retrata a Lucy (Isabelle Adjani) usando filtro de niebla e iluminación puntual y en sobreexposición, fundiendo a la figura femenina con la opacidad del entorno negro propio de la atemporalidad, tal y como lo hacen Díaz y Tort con la Beatriz portuguesa, doliente a la distancia.
Finalmente, quiero destacar la participación de Gael García Bernal, quien brinda uno de sus trabajos más brillantes como actor, dando muestras de su profesionalismo al dejar de lado su celebridad como protagonista estelar reconocido internacionalmente, a fin de entregarse por completo al servicio de la puesta en escena y la planificación, y en ello radica el porqué en casi todo el filme su presencia en cuadro se da en planos generales y de ubicación, reservando su figura a muy contados planos medios y un solo close up que fueron colocados en la edición después de escenas con sentido dramático significativo, derivado de las confrontaciones morales y emocionales que acarrean las acciones del explorador colonialista al servicio del mejor postor, fuera Portugal o España, dado el caso.
Delirios cristalizados en altamar, expediciones violando a hierro y fuego la naturaleza y a los naturales, y un punto de vista capaz de crear belleza en medio de la mezquindad –como o lo hicieran joy Barry Lyndon (Kubrick, 1975), Días de Cielo (Malick, 1978) o El Demonio Neón (Winding Refn, 2016)– son los aspectos definitorios del filme virtuoso y contemplativo que nos ha dado Díaz y que se presentó en la sección Cannes Première. en el afamado festival francés.
Asiste:
79 Muestra Internacional de Cine
Sala Emilio “Indio” Fernández
Dos funciones:
17:00 y 19:30 horas
Entrada: 50 pesos
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