Internacional

Publicado el jueves, 12 de febrero del 2026 a las 19:50
Washington D.C. – En una declaración inusualmente cruda para un funcionario de alto nivel, el actual secretario de Salud de los Estados Unidos, Robert F. Kennedy Jr., ofreció detalles sobre la gravedad de su historial de drogadicción durante su juventud. Las declaraciones, realizadas este jueves, han generado un intenso debate sobre la transparencia y la resiliencia de quienes encabezan las políticas de salud pública en el país.
La revelación ocurrió durante una entrevista en el podcast This Past Weekend, conducido por el comediante Theo Von. En un tono desinhibido, Kennedy Jr. recordó sus años de dependencia química para ilustrar su falta de temor ante los riesgos sanitarios cotidianos.
” “No me asustan los gérmenes; solía inhalar cocaína sobre los asientos de los inodoros”, afirmó el secretario, una frase que se viralizó de inmediato en plataformas digitales por su crudeza.
Kennedy Jr. también reveló detalles sobre su comportamiento durante la crisis sanitaria del COVID-19. Según el funcionario, decidió mantener su asistencia a reuniones presenciales de grupos de recuperación en lugar de aislarse, argumentando que el riesgo de una recaída en las drogas representaba para él una amenaza mucho más letal que el propio virus.
Puntos clave de su testimonio:
– Recuperación continua: Subrayó que su proceso de rehabilitación es de por vida y requiere mantenimiento constante.
– Perspectiva de salud: Defendió que sus experiencias extremas forman parte de un “aprendizaje” que le otorga una visión única sobre la crisis de sustancias que enfrenta la nación.
– Historial público: Aunque el secretario ya había hablado previamente sobre sus adicciones, nunca antes había detallado las condiciones higiénicas o logísticas de sus consumos pasados de forma tan explícita.
Desde su nombramiento, el pasado de Kennedy Jr. ha sido objeto de escrutinio. Sin embargo, el secretario ha utilizado estas narrativas para presentarse como un “sobreviviente” que comprende de primera mano los desafíos del sistema de salud mental y de recuperación de adicciones.
Para sus críticos, la crudeza de la confesión podría comprometer la dignidad de su cargo; para sus simpatizantes, representa una honestidad radical necesaria para abordar la epidemia de consumo de drogas que afecta a millones de ciudadanos estadounidenses.
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