Arte

Publicado el martes, 11 de enero del 2022 a las 04:09
Ciudad de México.- Fractured Nation nació del malestar de Arturo O’Farrill (CDMX, 1960) ante la crisis en Estados Unidos.
Con un vasto catálogo de jazz, el pianista y compositor alza la voz en esta obra sinfónica contra la promesa fallida de igualdad para sus ciudadanos y la creciente ola de racismo y violencia.
En entrevista, O’Farrill describe los pasajes contrastantes de esta obra comisionada por el mexicano Felipe Tristán, director invitado de la Orquesta Sinfónica de Nueva Ámsterdam, para su estreno el 11 de febrero en Nueva York.
Comienza con la esperanza afianzada en una promesa de igualdad para los ciudadanos de una nación y entonces, irrumpe el agitado sonido de las cuerdas y las percusiones, una parte que escribió años atrás ante el brutal asesinato de un chico del Bronx de 19 años, la misma edad de un hijo de O’Farrill entonces, un crimen que le arrancó lágrimas. Ese dolor se tradujo en una música violenta donde el golpe de las percusiones se asemeja a los disparos de un arma.
Esa segunda parte de la obra, la más cruda, es en la que O’Farrill captura a una nación dividida por el odio y la violencia sembrados por quienes buscan mantener sus privilegios, con dos hechos cruciales en la historia reciente de Estados Unidos: el asesinato de George Floyd y la toma del Capitolio por una turba animada por Donald Trump, el presidente en funciones renuente a aceptar su derrota electoral.
Y sin embargo, O’Farrill no renuncia al optimismo en la parte final de la obra: “Sé que si camino con justicia y conciencia, con el pueblo en mi corazón, me pueden quitar el cuerpo pero no la esperanza”. Un recordatorio de que somos seres con agencia.
Un andar como el de su padre, el legendario Chico O’Farrill, de quien en 2021 se conmemoró su centenario. “Con paz y con elegancia”, agrega. Un ejemplo de integridad como artista, fiel a su voz. “Mi padre no era un político, pero sí como un científico, siempre mezclando y cambiando los elementos, creando cosas nuevas y eso es ser revolucionario”. Su ideal de músico del futuro.
Su responsabilidad como músico es similar al de un periodista: reportar lo que ve. “Mucha gente dice que no, el artista debe ser abstracto, hacer cosas divertidas. No. Desde los días de Stravinsky, de Beethoven, de Charles Mingus, los músicos de verdad son revolucionarios”.
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