Saltillo

Publicado el sábado, 25 de julio del 2026 a las 04:35
Saltillo, Coah.- El silencio de la madrugada es atravesado por el silbato de un tren que ya no transporta pasajeros ni anuncia los retornos de un amor, sino que arrastra toneladas de mercancías y sueños de migrantes que buscan cruzar la frontera.
La tierra vibra con la locomotora, como alguna vez lo hizo con el paso de los gigantes prehistóricos, cuyos rugidos bien se podrían parecer a los que emite “La Bestia”.

Suena su propia voz
Las campanas de la Catedral repican en la Plaza de Armas y se mezclan con murmullo de oraciones, con las voces de los vendedores, risas de niños con globos, estudiantes, funcionarios, manifestantes y, dependiendo del día y de la hora, un “fara-fara” puede hacer su aparición en los arcos de Los Portales, ese bello pero descuidado edificio café.
El Centro Histórico tiene su propia voz: camiones, silbatos, música de bares, mariachis esperando arrancar, conciertos multitudinarios, marchas que hacen retumbar a todo el corazón de la ciudad.
Porque hay sonidos que hablan de alegría y otros que exigen justicia.

Voces que hablan por sí solas
Saltillo suena a mercaditos, y más que altavoces anunciando las ofertas de tarima, es la voz de la clase trabajadora que nunca se da por vencida, de hombres y mujeres que hacen lo imposible para sacar adelante a su familia.
Suena a música norteña que emana de bocinas en colonias populares, y sí, también suena a riñas y pleitos vecinales, pero la mayoría de las veces gana la reconciliación, la solidaridad y el apoyo hacia ese otro que vive cerca, que viene de fuera o que nació aquí.

Un trayecto diario
Una guitarra se sube al “Periférico” y ameniza el trayecto por el bulevar Venustiano Carranza, la música se intensifica al pasar por la Rectoría, donde decenas de personas hacen aeróbics al aire libre, y los pasos de estudiantes se encaminan hacia la parada de la combi rumbo a sus casas.

Una ciudad en movimiento
Amaina el sol y el ruido de las fábricas disminuye su intensidad, los obreros cambian de turno y alcanzan a apreciar uno de los idílicos atardeceres que regala esta ciudad que hoy cumple 449 años, y que siempre está en movimiento.
La algarabía de un millón de habitantes suena en cada rincón de este Saltillo, que a diario recibe a más de 50 personas que llegan con la intención de establecer aquí su hogar.
Comerciantes, empresarios, burócratas; escuelas, museos, bodas, fiestas, velorios, miles gritando un gol al unísono, parques, muchas plazas comerciales, un cine porno, 142 bares y cantinas, 850 centros educativos, 16 hospitales, más de 500 mil vehículos.

‘Despertando entre las flores’
Un silencio de montaña que recuerda que, pese al crecimiento urbano y a sus más de cuatro siglos, Saltillo sigue, como diría Manuel Acuña, “despertando entre las flores / de un césped primaveral /¡Esa es la felicidad!”.
El silencio de la sierra
Y luego está el silencio, ese que se encuentra apenas unos kilómetros arriba, cuando la sierra Zapalinamé apaga el ruido del tráfico.
Allí sólo quedan el viento entre los pinos, el canto de las aves y el crujido de las hojas secas bajo los zapatos.

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