Monclova
Por
Milton Malacara
Publicado el miércoles, 24 de diciembre del 2025 a las 04:00
Monclova, Coah.- Para Jorge González Flores, los 33 años que entregó al fuego de los hornos de Altos Hornos de México (AHMSA) hoy pesan más que el acero. Como ex obrero de la siderúrgica, Jorge carga con una sentencia de incertidumbre que ha transformado su hogar en un campo de batalla contra la ansiedad y el desánimo. Lo que antes era orgullo laboral, hoy es una herida abierta que supura con cada promesa incumplida de pagos y finiquitos.
Una Navidad de cenizas
Donde antes había planes de futuro y el bullicio de la estabilidad económica, hoy sólo queda un silencio sepulcral. Jorge describe una realidad desgarradora: la crisis no sólo vació las carteras, sino que está devorando el espíritu de los hombres que forjaron la industria de Monclova.
“Uno intenta buscar refugio en la familia, trata de encontrar un segundo de paz, pero de pronto el pensamiento regresa y sientes cómo eso te quema por dentro”, confiesa con la mirada perdida en los recuerdos de una estabilidad que parece de otra vida.
La vida de Jorge ha dejado de pertenecerle a la estabilidad para quedar a merced de las noticias; relata con amargura cómo cada rumor sobre el proceso de la acerera reabre una herida que no logra cicatrizar.
Aunque intenta refugiarse en la fe y en el calor de su familia para salvaguardar su salud, confiesa que mantener la calma es una batalla perdida cuando el futuro es un muro de incertidumbre.
Para este veterano del acero, las festividades decembrinas han dejado de ser sinónimo de convivencia y planes a futuro para transformarse en un recordatorio gris de lo que ya no está, marcando una Navidad teñida por el desánimo y la tristeza de saberse en el olvido.
Vive un drama
El drama humano que vive González Flores es el reflejo de una caída libre emocional, donde los trabajadores se dedicaron a levantar castillos de esperanza pensando en que los pagos de salarios caídos y finiquitos llegarían finalmente con el cierre de año, sólo para desplomarse con mayor fuerza ante la falta de respuestas.
Esta fragilidad espiritual se palpó con crudeza en la reciente protesta del 23 de diciembre en la Planta 1, donde Jorge y sus compañeros denunciaron una estadística letal: al menos 70 obreros han muerto desde el inicio del conflicto, víctimas de enfermedades disparadas por el estrés, la depresión y la angustia de ver desmoronarse el patrimonio de toda una vida.
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