Coahuila

Publicado el lunes, 10 de noviembre del 2025 a las 04:40
Saltillo, Coah.- Los golpes duelen más cuando hace frío.
Los gritos, los maltratos y las humillaciones calan hasta los huesos porque, se supone, eso nos han dicho siempre… Que el amor reina en los hogares en diciembre.
Esperanza tenía varios días en el refugio, llegó decidida a dejar a su marido pero comenzó a extrañar lo que nunca había tenido: un árbol, regalos, felicidad en pareja. Salió voluntariamente esperando encontrar el abrazo de la reconciliación, un “voy a cambiar”, “nunca más”, “yo te amo”; Esperanza murió en Año Nuevo.
Es peligroso soltar un “¿para qué regresaba?”, quizá porque es más fácil revictimizar que tratar de entender las causas de fondo, pero en esta temporada en donde se incrementa la violencia contra las mujeres, al tiempo que ellas deciden regresar con su agresor, es indispensable llegar al fondo.
Bajo una falsa expectativa
La publicidad es irresistible: armonía, familias felices, amor disfrazado de regalos… la Navidad es esa época del año en la que, durante más de un mes, nos bombardean con imágenes costosas e irreales que ninguna familia promedio vive, pero a la que muchos aspiran: una postal hollywoodense de cartón.
Basta una mirada a los datos de la Secretaría de las Mujeres, a cargo de Mayra Lucila Valdés, para conocer la cruda verdad: hay un marcado repunte de la violencia familiar durante los últimos meses del año.
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Históricamente, diciembre es el mes con mayor número de casos de violencia contra las mujeres, y los reportes de agresiones en el hogar aumentan de forma significativa debido al consumo de alcohol y drogas”, señala la secretaria estatal, “entre el 80 y el 85% de los casos que nosotros atendemos, vienen por un maltrato de conducta machista, o del consumo que se agrava de bebidas embriagantes”.
La doctora Rosa María Salazar, directora de la Fundación Luz y Esperanza A.C., traduce esos datos en historias.
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En el refugio, cuando yo les pregunto a ellas cómo celebraban la Navidad en su casa, son historias muy tristes, porque ellas cuentan que hacen planes, que si una carne asada o juntarse en la casa de alguno, y empiezan esperando a que el señor llegue, y un buen número de mujeres dicen: pero cuando ellos llegan ya llegan alcoholizados, y empieza la discusión”, detalla.
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Hay señoras que nos dicen: terminamos peleando, los niños llorando, durmiéndonos temprano y a veces sin cenar”, expresa. La fundación cuenta con un refugio abierto los 365 días del año, para recibir a las mujeres víctimas de violencia y a sus hijos, pero han observado que, en diciembre, las mujeres piden su salida voluntaria para pasar las fiestas con sus parejas violentas.
El poder de un trauma
El aguinaldo, las promesas y la ilusión de los regalos para los niños, pueden ser algunas explicaciones lógicas para entender a las mujeres que deciden regresar, pero la doctora Salazar habla también de las heridas sicológicas que se desarrollan en quienes han padecido violencia durante mucho tiempo.
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A través de este trauma tan complejo que se vive puede llegar la disociación: una mujer, un niño, un joven con tanta violencia, puede como cambiar de personalidad, como si se fuera hacia otro lado”, detalla.
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Me disocio: me agreden, me insultan, me dicen cosas, pero yo me puedo estar riendo y puedo poner cara alegre, y no es porque a ella le guste que la golpeen, sino porque el trauma en su cerebro hace que ella se empiece a disociar”.
Presión social, relevante
Además de la violencia física, la mayoría de las mujeres viven violencia económica, por lo que en diciembre, ven en la entrega del aguinaldo la posibilidad de que ahora sí les compre juguetes a los niños, o una estufa nueva, o ropa para ellas.
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No deja de vivir violencia, pero tiene esperanza”, dice la doctora Salazar, “y surgen los mecanismos reguladores de las mujeres para sobrellevar la situación, empieza la disociación, hace oídos sordos a los insultos, y aguanta”.
Esto aunado, por supuesto, a la presión social de vivir la Navidad en familia, con los hijos, con regalos, con lo que nunca se ha tenido, pero siempre se ha anhelado.
Identificar el patrón
Rosa María Salazar explica el Síndrome de Adaptación Paradójica, que tiene cuatro fases que se van gestando a través del tiempo:
Miedo: la primera vez que su pareja la golpea, la mujer desarrolla el miedo instintivo; el hecho anterior la obliga a estar alerta, a la expectativa de si su pareja la volverá a agredir.
Inseguridad: esa situación de no saber si la volverá a golpear, la vuelve insegura, no sabe qué comportamiento suyo despertará la ira de su pareja, esa con la que decidió hacer una vida juntos.
Indefensión: la mujer tarda en verbalizar la violencia que vive, y cuando lo hace, lo hace poco a poco, de tal manera que su círculo cercano no lo ve como algo grave. Cuando ya se decide a ir a una institución, no le toman bien la denuncia, no le dan seguimiento o el juzgado no la favorece.
Hostilidad: vemos que las mujeres empiezan a estar de mal humor, se enojan por todo, gritan por todo, y entonces los hombres las acusan de que ahora ellas son las violentas, y muchas veces ahí es cuando suceden crímenes de las mujeres hacia los hombres.
Pedir ayuda, la clave
La Fundación Luz y Esperanza A.C., pertenece a la Red Nacional de Refugios que están en gran parte del país, y las compañeras de otros estados manifiestan la misma situación:
Diciembre es el mes donde menos mujeres llegan al refugio, y las vísperas de Navidad son las fechas en que más mujeres salen del refugio de manera voluntaria.
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