A propósito de esta nueva intentona de empezar a construir, desde organizaciones sociales, una opción sólida y viable para enfrentar la aplanadora de la 4T en las urnas el 2024, algunos de los impulsores de lo que denominan alianza Unidos, como el panista Carlos Medina Plascencia, o la activista Ana Lucía Medina, parten de una suerte de “mea culpa” que, a dos años de la elección presidencial, resulta débil y muy tardía, y, por lo tanto, inconsecuente.
Ana Lucía dice, por ejemplo, que, y cito: “no podemos esperar a que los políticos y partidos se pongan de acuerdo. Es tiempo de tomar la iniciativa para proponer una nueva visión de país. Los ciudadanos debemos pasar de la queja a la acción”.
Y don Carlos sentencia, y vuelvo a citar: “el resultado electoral en 2018 no se explica sin los errores y excesos de gobiernos que no supieron enfrentar con éxito los desafíos del presente”.
Pues sí, ambos tienen razón, los ciudadanos deben pasar de las quejas a la acción, y en el lance no esperar nada de los políticos de siempre, y los partidos y los líderes de la mal llamada oposición deben asumir que son directamente responsables, por sus excesos y omisiones, del aplastante triunfo de Morena.
Y quedaría preguntar ¿y eso qué? Se les vino el tiempo encima, desperdiciaron cuatro años y, en la recta final del sexenio, el pretender empezar de cero y construir a marchas forzadas una opción diferente, resulta literalmente una tarea destinada al fracaso.
En 2024 se impondrá él o la que resulte candidato de Morena, y no hay nada en el escenario político que lo pueda impedir, ya que los partidos, y especialmente las actuales dirigencias de PRI, PAN y PRD, así lo decidieron, más allá del discurso, por sus acciones, omisiones y la permanente ponderación de sus mezquinos y ratoneros intereses.
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