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Coahuila

Taxis

Por Lulú De Koster.

Hace 4 años

¿Cuántas veces ha tenido que viajar en un auto de alquiler? Aquí en Saltillo, desde donde escribo este texto, o viajar en alguna otra ciudad del país o en el mundo.

Subimos a un coche quizá registrado por las autoridades, concesionado o con permisos oficiales para ofrecer el servicio, manejado por un desconocido al que le pagaremos por desplazarnos a un punto específico.

Es complejo hablar del transporte de alquiler. De estos vehículos que andan por la ciudad, que movilizan a las personas y que pocas veces son vigilados a detalle.

Hace unos días estuve sin automóvil propio. Saliendo del trabajo esperé un auto “amarillo”, de esos que pasan por cualquier calle, porque no quise pedir uno a través de las aplicaciones. Abordé, inició el conteo del taxímetro y le dije hacia dónde iba. Me acomodé en el asiento de atrás, dejé mi bolso en mi regazo y decidí no platicar, pero avisar en casa y por mensaje de WhatsApp que iba en taxi, que llegaría en un momento.

El chofer insistía en decir que no era de Saltillo, que venía del estado de Puebla y que allá trabajó como “guarura” (sic). Que había colaborado con quién sabe quién, pero que hace un año había decido viajar a Saltillo junto a su familia, para ganarse la vida como taxista. Me dijo:

“¿Usted no habla?”, le respondí que no mucho.

“Pero supongo que trabaja por aquí cerca…”, le dije que no.

“Acá la gente es más tranquila, me decía mientras yo asentaba con la cabeza, esperando que el chofer dejara de hablar, y yo llegar pronto a casa donde ya me esperaban.

Muchas preguntas que hacía mientras avanzaba por la ruta que acostumbro para regresar a mi domicilio. Se trataba de llegar a un destino y usar un taxi para evitar utilizar el transporte público colectivo y así optimizar el tiempo para llegar al hogar. Regularmente así ocurre, cuando se usa un auto de alquiler ¿no?

El Instituto Municipal de Planeación (Implan) de Saltillo tiene estudios que bien podrían derivar en políticas públicas sobre la movilidad urbana y las necesidades que enfrenta el sistema de transporte público y de alquiler en la capital de Coahuila.

La muerte de la joven Vianey, que falleció días después y debido a las lesiones, tras saltar de un taxi en movimiento en el bulevar Fundadores, en Saltillo. Ella tenía miedo de ser víctima de secuestro.

Los detalles de este hecho deben llevarnos a la reflexión: ¿Qué ha pasado con los botones de pánico en los taxis, en verdad funcionan? ¿Quién vigila a los taxistas? ¿Quién brinda seguridad a los taxistas que igualmente pueden ser víctimas de acoso, de agresiones o asaltos?

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