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Publicado el viernes, 20 de febrero del 2026 a las 19:47
Ciudad de México.- El trastorno dismórfico corporal es una condición de salud mental que altera la percepción de la propia imagen física. Esta obsesión por la apariencia genera un sufrimiento que requiere atención por parte de un profesional de la salud mental.
Esta afección no se relaciona con la vanidad, sino con un dolor emocional profundo que consume tiempo y energía de forma considerable. La detección temprana de los patrones de conducta permite que las personas con esta condición alcancen una mejor calidad de vida.
¿Qué es el trastorno dismórfico?
Este problema implica una preocupación excesiva por defectos físicos que para los demás resultan imperceptibles o leves. Esta visión distorsionada de la propia figura afecta el desempeño en las actividades cotidianas y la estabilidad emocional del individuo.
El trastorno dismórfico se define mediante las siguientes características, de acuerdo con el Manual MSD y el sistema de salud pública del Reino Unido (NHS):
Falsa percepción: Consiste en ver rasgos negativos en el aspecto físico que otras personas no notan. Esta interpretación sesgada genera una angustia constante y desproporcionada.
Conducta repetitiva: Existe un impulso incontrolable de revisar el aspecto en reflejos de forma compulsiva.
¿Cuáles son las señales del trastorno dismórfico?
Detectar esta condición a tiempo permite frenar el avance de la ansiedad. Las señales van más allá del interés común por el arreglo personal y se manifiestan en hábitos que limitan el bienestar de las personas.
Estas son algunas señales del trastorno dismórfico, según Cleveland Clinic:
Relación con los espejos: Mirarse constantemente en cualquier superficie reflectante o, por el contrario, evitar por completo los espejos para no enfrentar la imagen propia.
Aislamiento social: Evitar el contacto con amigos, el entorno escolar o laboral por miedo extremo al juicio ajeno, lo que deriva en un encierro voluntario.
Arreglo excesivo: Invertir horas en el peinado, maquillaje o cambios de ropa para ocultar supuestas imperfecciones, además del uso abusivo de filtros en medios digitales.
Cirugías sin éxito: Recurrir a múltiples procedimientos estéticos que no logran calmar la angustia, ya que la fijación corporal permanece intacta tras la operación.
¿En quiénes es más común el trastorno dismórfico?
Este desafío afecta a personas de diversos contextos, aunque existen grupos donde la incidencia es superior debido a factores biológicos y presiones culturales externas.
Estas son las poblaciones que suelen presentar más probabilidades de vivir con este trastorno, como explica un estudio publicado en Journal of the American Academy of Child & Adolescent Psychiatry y una investigación disponible en Journal of Cosmetic Dermatology:
Adolescentes y jóvenes: El inicio suele ocurrir entre los 12 y 13 años. Los cambios físicos de la pubertad y la presión del entorno social disparan las inseguridades.
Impacto por género: Aunque afecta a todos los géneros, las mujeres adolescentes presentan una prevalencia ligeramente superior en las estadísticas clínicas actuales.
Factores culturales: En América Latina se reportan tasas elevadas debido a los estereotipos de belleza locales que influyen en el desarrollo de este complejo trastorno.
¿Cuál es el tratamiento del trastorno dismórfico?
El diagnóstico se basa en una evaluación profesional de los síntomas y patrones de conducta, ya que no existen pruebas de laboratorio para detectarlo. Un especialista en salud mental analiza el impacto del malestar en la rutina diaria del paciente mediante diversas herramientas.
Aunque no existe una cura definitiva, el tratamiento adecuado permite recuperar el control de la vida. Las opciones terapéuticas con mayor respaldo científico incluyen:
Terapia cognitivo-conductual: Permite modificar los pensamientos negativos y fomenta la autoaceptación. El paciente aprende a gestionar el miedo sin recurrir a rituales compulsivos.
Medicación de apoyo: El uso de fármacos recetados bajo estricta supervisión regula la ansiedad y mejora el estado de ánimo, facilitando el proceso terapéutico.
El trastorno dismórfico corporal representa una batalla interna desgastante que no debe enfrentarse sin apoyo. Con la combinación de terapia y comprensión, es posible transformar el sufrimiento en una vida plena y equilibrada.
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