Tal cual lo señalé en la primera parte de esta columna, la conducta del Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en los últimas fechas, se ha tornado cada vez más agresiva e inquisitoria contra el Gobierno y los cárteles criminales de nuestro país, al punto de permitir que algunos líderes de opinión se atrevan a vaticinar la posibilidad de que el Gobierno de Estados Unidos pueda nombrar, en cualquier momento, al partido Morena como una organización “narcoterrorista” y con ello, la materialización de una amenaza de intervención militar estadunidense en México.
La anterior premisa tomó más fuerza cuando un actor mexicano, de nombre Eduardo Verástegui, publicó un mensaje en el que aseguró que, por causa de la impunidad en la violencia, la fabricación y trasiego de drogas y el huachicol, el Gobierno estadunidense contemplaba ya esa posibilidad; tras el mensaje del actor, Ghaleb Krame, experto en política y seguridad internacional, aseguró que la idea de nombrar a Morena como un grupo terrorista en nada era descabellada.
Por si usted no lo sabía, apenas en mayo pasado, en Washington, el vicepresidente de Estados Unidos, J. D. Vance, tomó juramento a Ron Johnson como nuevo embajador estadunidense en México. Así, sólo para que lo tenga en cuenta, el ahora embajador Johnson, es un político republicano, con una trayectoria de más de 40 años al servicio del Gobierno de Estados Unidos, pero también es coronel retirado, exoficial de la CIA y exmiembro de las fuerzas especiales del Ejército estadunidense denominadas como “boinas verdes”.
Por cierto, este bélico embajador estadunidense viene a ejercer sus funciones en la nueva sede diplomática, ubicada en la alcaldía Miguel Hidalgo, la cual se terminó de construir, apenas en diciembre pasado, sobre un terreno de 49 mil metros cuadrados. Esta nueva embajada está diseñada para ser totalmente autosustentable, con sistemas para recolectar agua de lluvia y almacenamiento subterráneo para todo tipo de víveres; además, cuenta con equipo de vigilancia electrónica y contrainteligencia.
Aunado a lo anterior, el pasado 17 de marzo de 2025, Estados Unidos extendió un buque destructor en el Pacífico mexicano, denominado USS Gravely, mismo que, según dijeron, forma parte de las operaciones de seguridad fronteriza y vigilancia y cuenta con misiles guiados, además de estar equipado con sistemas avanzados, como el sistema de combate Aegis y sistemas de lanzamiento vertical. Puede desplegar misiles Tomahawk, misiles Standard y torpedos, además de contar con sistemas de radar y sonar avanzados; pero este despliegue no es un incidente aislado, ya que se ha reportado el despliegue de otro destructor, el USS Gravely, en el Golfo de México para operaciones similares.
Por último, el pasado 3 de abril, el Gobierno de Donald Trump despidió al director de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de Estados Unidos, Timothy Haugh, personaje que, hasta ese día, dirigía la unidad cibernética ofensiva y defensiva de las Fuerzas Armadas estadunidenses, así como a su adjunta Wendy Noble, únicos opositores a las múltiples intervenciones militares propuestas por Trump, desde su llegada.
En resumen, tenemos todos los síntomas de poder sufrir una intervención militar estadunidense en México, aunque la misma pudiera reducirse a sólo ataques con drones y que los mismos, quizá, hasta hayan ya iniciado.
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