Primero, le comparto una frase del francés, Jean François Revel, y cito: “un grupo humano se transforma en multitud manipulable cuando se vuelve sensible al carisma y no a la competencia, a la imagen y no a la idea, a la afirmación y no a la prueba, a la repetición y no a la argumentación, a la sugestión y no al razonamiento”.
Y ese parece ser el “gran problema mexicano”, que la mayoría decidió, por las razones que fueran, someterse a las grandes y tronadoras afirmaciones, sin nada que las avale en los hechos; a la retórica violenta y descalificadora, la que polariza, la que se finca en eso de que “conmigo o contra mí”, sin que medie mayor argumentación.
Ese es el gran problema, que ya sea por los ancestrales agravios, por las abismales diferencias y rezagos, o por el hartazgo hacia una clase política torpe, corrupta, depredadora, la mayoría decidió apostar presente y futuro a una propuesta que en el discurso los reivindica y prioriza, y se ignora o minimiza el hecho de que ninguno de los grandes problemas sociales y económicos ha disminuido, pero se sigue apostando a la esperanza de un futuro sustancialmente distinto.
Sí, la mayoría es manipulable y eso lo sabe quien gobierna, y eso es hoy el “gran problema mexicano”. Cabría preguntar si hay algo en el escenario que nos permitiera suponer que el actual orden de las cosas cambiará… y la respuesta es que, al menos en los próximos dos años, no.
Sigamos pues cavando la tumba de las ideas, de la argumentación, de la negociación y el consenso; sigamos sin reclamar pruebas ni contrastar palabras con los elementos objetivos que nos ofrece la realidad… y a ver cómo llegamos al 2024.
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