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Tiranos y demócratas

Por Francisco Martín Moreno

Hace 4 años

Hace unos días al concluir una conferencia relativa al origen y consecuencias de las dictaduras iberoamericanas, un estudiante de Filosofía me cuestionó durante la sesión de preguntas y respuestas con el siguiente argumento: “Prefiero a un buen tirano instalado en el poder que a un demócrata podrido y corrompido. ¿Quién le hace más daño a la sociedad?”.

De inmediato pasé lista a los tiranos americanos sin encontrar un solo “déspota ilustrado”, salvo que Porfirio Díaz, Trujillo, Somoza, Carias Andino, Stroessner, Banzer, Rojas Pinilla, Castillo Armas, Castro, Duvalier, Pinochet, Videla, Chávez, Maduro y ahora Daniel Ortega, entre otros tantos más, pudieran ser etiquetados como “buenos tiranos”. ¿Buenos? Es traidor quien llega a la Presidencia por medio de la democracia solo para destruirla.

Los tiranos, por lo general, aduje, disparan en contra de los opositores en la plazas públicas: Castro, Mao, Stalin, entre otros; suprimen la libertad de expresión; conducen a sus países de acuerdo a sus estados de ánimo sin someterse a ley o Constitución alguna; saturan las cárceles con presos políticos; persiguen a quien a su juicio “piensa peligroso”; disuelven las cámaras de representantes; clausuran a los partidos políticos; ignoran los más elementales derechos humanos; torturan y desaparecen a sus enemigos; provocan desastrosas devaluaciones monetarias, como la venezolana, en donde un dólar vale más de 3 mil 125 millones de bolívares; destruyen la libre empresa si son tiranos de izquierda, como Fidel Castro; acaban con el empleo y con las fuentes generadoras de riqueza; se alían con las fuerzas armadas para someter al pueblo a balazos y, por lo general, destruyen la economía, aun cuando en ciertos casos muy aislados, constituyen la excepción de la regla.

Un demócrata corrupto, por lo general no asesina ni tortura ni persigue a sus opositores (insisto, me refiero a un demócrata) y llegado el caso, como aconteció con Lula de Brasil, con Ollanta Humala de Perú, con Otto Pérez Molina de Guatemala, fueron encarcelados acusados de crímenes que merecían una pena corporal. El estado de derecho, inexistente en una dictadura, se hizo valer y para la buena fortuna de Brasil, Perú y Guatemala, los defraudadores de los ahorros públicos fueron castigados por sus fechorías.

¿Daniel Ortega no se había opuesto en sus inicios a Somoza, el dictador, hasta derrocarlo? ¿No había robado un banco supuestamente para financiar su movimiento sandinista y había pasado 7 años en la cárcel? ¿No había sido un gran luchador social defensor de las libertades que había conquistado el poder a través de unas elecciones legítimas que ganó con un margen del 63%, para luego convertirse en un comunista enemigo de la prosperidad y de la libertad de mercado? ¿No condujo a su país a una guerra fratricida con tal de imponer sus ideas sacadas del bote de la basura? ¿Buen dictador, quien encarcela a los líderes de la oposición (tal y como pretende hacerlo AMLO con Anaya de cara a las elecciones del 2024) para mantenerse 20 años más en el poder nicaragüense? Estados Unidos y Costa Rica fueron los dos primeros países en desconocer la elección, una farsa. México la reconocerá sin duda alguna para estar a la altura del gorilato sudamericano, muy a pesar de haberse dado un 75% de abstencionismo, de haber impedido el ingreso de observadores y periodistas internacionales. En fin, un nuevo y escandaloso fraude electoral que aplaudió Maduro, otro despiadado tirano.

Cuando los políticos cambian, por lo general cambian para mal. Ortega es otro Somoza tal vez peor. Entre un demócrata corrupto y un buen dictador, si tuviera que escoger sin alternativa alguna, me quedo con el demócrata corrupto, por lo menos algunos de ellos alguna vez llegan a ser destituidos y encarcelados en términos de un estado de derecho. En ocasiones, cuando los tiranos resultan asesinados, se corre el grave peligro de convertirlos en mártires con sus debidas y graves consecuencias de cara al futuro. Ortega y su esposa, la pareja de dictadores, solo dejan espacio para su derrocamiento. Deseo que sea lo más pronto posible.

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