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Coahuila

Tomás López García, maestro rural de los de antes

Por Carlos Gaytán Dávila

Hace 4 años

Creo que en cada familia hay un maestro, pero en esta hubo varios y muy distinguidos, comenzando por don Tomás. Él habitó por la antigua calle de Salazar con una gran historia urbana.

Fue abuelito del ilustre mentor Jesús Ciro López Dávila, quien con orgullo dice que es “descendiente de maestros rurales”. He aquí una partecita de la historia de esta gran familia.

Don Tomás López García fue maestro rural en Hipólito, municipio de Ramos Arizpe, y en Los Lirios, municipio de Arteaga, entre otros lugares. Una escuela primaria de Saltillo lleva su nombre.

Con su esposa, Sara Iriarte, procreó una familia muy numerosa, entre los que figuran un exintegrante del Escuadrón 201, el sargento Leoncio López Iriarte, excombatiente de la Segunda Guerra Mundial.

Otro de los descendientes de esta gran familia lo fue el profesor Lucio López Iriarte, quien fue director de Educación Normal en el país, egresado de la Escuela Normal de Saltillo; la profesora Josefina López Iriarte, también maestra de muchos años en el medio rural y urbano en la región.

El papá de Jesús Ciro López fue el ingeniero agrónomo Ricardo López Iriarte, quien estudió la carrera, siendo chofer de uno de los autobuses de la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro. A él le decían “El Richi”. Primero concluyó Jesús Ciro López Dávila, su hijo mayor, como maestro normalista y luego un año o dos después él como ingeniero agrónomo. El barrio donde vivían los López Iriarte era el de la calle Salazar y Héroe de Nacozari, la de ferrocarrileros muy famosos por cierto, ahí se ubicaban los patios del Coahuila y Zacatecas.

“Por la calle Salazar –recuerda Ciro–, pasaba una acequia de cantarinas y claras aguas, que descendía de San Lorenzo y desembocaba en el Lago República de la Alameda Zaragoza”. ¡Qué tiempos aquellos, don Simón!

A López Dávila, como a muchos otros saltillenses, nos tocó la ciudad semiurbana  o semirural que fue la capital coahuilense, donde abundaban las huertas y los plantíos de hortalizas. El agua se extraía de las norias. Donde se consumía lo que se producía en el traspatio, además se criaban gallinas, palomas, conejos, cerdos, uno que otro venado, y hasta vacas poseían algunos lugareños para surtirse de leche fresca y pura.

 

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