¡Qué bello es nuestro México! ¡Por supuesto que sí! Un país rico en tradiciones, en cultura ancestral que no acaba de sorprendernos.
Cada rincón de nuestra patria guarda la esencia de nuestra cultura que nos recuerda nuestro origen. De ahí su riqueza que ha permitido a generaciones, conocer, amar y preservar lo nuestro.
De un tiempo a la fecha las tradiciones mexicanas han trascendido y traspasado fronteras para deleite de propios y extraños, llevando nuestro orgullo al dar a conocer tanta belleza.
Vemos con agrado que, ante los preparativos que existen en muchos lugares, una vez más la celebración del Día de Muertos se llevará a cabo. Se montarán los altares, dedicados a las personas que se han adelantado en el camino que todos recorremos y que nos detendremos cuando Dios lo decida.
Esos altares se verán en dependencias, en oficinas, escuelas y por supuesto en los hogares. Se colocarán en ellos, la ropa, alimentos, fotos del difunto y todo lo que le agradaba, como una ofrenda que permita no olvidarlos.
La creencia es que ellos, nuestros seres queridos, vendrán a “visitarnos” por lo que hay que recibirlos con alegría, por eso la festividad del papel picado y colorido.
En los recuerdos de mi niñez están presentes las visitas que realicé al cementerio acompañando a mis padres. Limpieza previa a las tumbas de los nuestros y colocación de flores en los jarrones. Además, se oraba. No era un día cualquiera, se trataba de un día especial, dedicado a ellos, nuestros difuntos; por lo tanto, no era llegar, dejar las flores y marcharse.
Por supuesto que no, se trataba de “acompañarlos”, elevar oraciones para pedir por el eterno descanso de su alma. En las afueras del cementerio había puestos con venta de comida, aguas frescas, frutas, carritos con paletas de sabores. Recuerdo las de sabor a coco ¡qué delicia! Sabores de frutas, sabor natural, nada artificial.
Cada lugar tiene sus costumbres y es bonito recordar lo que cada uno de nosotros ha vivido. Afortunadamente hay tradiciones que se conservan, como la del Día de Muertos, por ejemplo.
La ternura de la película Coco, hizo trascender una bella tradición en México. Dar a conocer que, para nosotros, nuestros seres queridos no mueren del todo, porque mientras los recordemos, ellos estarán entre nosotros.
Eso es lo que realmente importa, que los llevemos en nuestra mente, en nuestro corazón. Revivir cada instante que pasamos con ellos, es rendir un pequeño homenaje a lo que nos heredaron y que forma parte de una historia que comentar.
Es también agradecer a Dios por habernos permitido gozar la vida con ellos, padres, hermanos, tíos, con todos nuestros seres amados y por un tiempo determinado.
Así como el orgullo por nuestra tierra se pone de manifiesto en cada festividad, hay algo que nos impulsa a seguir adelante y no permite claudicar.
Es nuestra fe, que nos sostiene cada vez que flaqueamos o sentimos que nuestras fuerzas se debilitan.
Lo observamos en las peregrinaciones en honor a “La Morenita del Tepeyac”, nuestra protectora, la Virgen de Guadalupe. Cada 12 de diciembre las iglesias de cada comunidad reciben a los fieles quienes fervorosos acuden a cantar Las Mañanitas y como regalo se le llevan flores para adornar su altar.
Nuestra Virgen nunca nos ha dejado, a pesar de todos los momentos difíciles en la vida de cada uno de nosotros, siempre está a nuestro lado, enjugando nuestras lágrimas, dándonos fortaleza para aceptar el dolor que nos agobia.
Sentir su presencia, es la respuesta a nuestra petición. La tranquilidad, esa paz que nos llega permite que sigamos adelante. Nuestras súplicas siempre serán escuchadas por nuestra Madre amorosa, intercesora ante el buen Jesús, su hijo.
La pandemia, de la que aún no hemos salido, nos ha dado la certeza de que los milagros existen y que el Plan de Dios es perfecto. Él, nunca nos deja solos, porque nuestra amada Virgencita de Guadalupe camina con nosotros.
Maravilloso país tenemos, un México de tradiciones, con cultura, con Historia y con gente valiosa que, a pesar de todo, conserva su fe.
Mantengamos viva nuestra fe, siempre, porque México es un gran país, una gran nación, que merece un mejor destino.
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