Coahuila
Hace 5 años
El Diario de Cabrerita quedó plasmado para siempre en un libro de Salvador Borrego, denominado Periodismo Trascendente, donde el escritor incluye notas y titulares de un modesto matutino que se editó en Saltillo, todavía por la década de los 60 del siglo 20. El Diario de Cabrerita, asi identificaban al periódico que originalmente se denominaba Diario de Coahuila, dirigido por don Benjamín Cabrerita Aguirre, una publicación ampliamente provinciana, elaborada artesanalmente, con letras movibles. Mientras que el texto se “levantaba”, línea por línea en una máquina que fundía metal, denominada linotipo, uno de los grandes inventos de la imprenta que ha sido sustituido por la computadora.
Los titulares -reitero- se formaban letra por letra, dentro de un proceso manual tedioso, pero a la vez interesante. Mi papá, Carlos Gaytán Villanueva, era uno de esos artífices de la tipografía y tenía ingenio y doble sentido para componer o “descomponer” los titulares de las noticias cuando fallaba el jefe de Redacción, que era el encargado de “cabecear” (escribir el titular de la nota, o sea hacer la cabeza, en el argot periodístico de antaño).
De ese tipo era el periódico de Cabrerita, del que el señor Borrego hizo una recopilación muy sui géneris de los encabezados o titulares del famoso matutino de las calles Múzquiz y Allende, hacia el oriente de la gasolinera de la esquina.
El matutino se componía de apenas unas cinco páginas, y eran presentados sus titulares con un toque de originalidad, que causaba a veces la hilaridad de los lectores, por la simplicidad y el ingenio, cuyo contenido ha sido valorado por los estudiosos del tema como de un periódico joco-serio, y que quedó plasmado en el libro Periodismo Trascendente, del escritor y periodista Salvador Borrego.
Una de esas notas fue el hecho de que un rapaz robó cuatro naranjas de un puesto de frutas y fue aprehendido por la Policía Municipal, bajo la acusación de robo, lógicamente, y El Diario tituló así la noticia: “Hábil y sagaz ladrón, saquea céntrica verdulería”.
Una mañana amanecimos con una escalofriante declaración, cuyo titular decía: “Ya mataron al Gavilán”.
Sin leer la nota, la gente imaginó que la policía había dado muerte a un peligroso abigeo (ladrón de ganado o un delincuente peligroso). Pero la verdad es que el voraz gavilán que asolaba y mantenía la cadena alimenticia, dando cuenta de las palomas de Catedral, había sido muerto de certero balazo por Edmundo Dávila, el propietario de la armería El Caballito, de la calle Venustiano Carranza, ahora Manuel Pérez Treviño.
‘La mano no era de humano’
La noticia decía así: “El día de ayer quedó plenamente demostrado que los restos óseos que se presumía eran de algún ser humano asesinado y mutilado, eran en realidad de un oso que estaba en proceso de preparación taxidérmica, para lo cual la controvertida extremidad fue expuesta a los rayos solares en la azotea de la casa de don Pedro Fuentes, famoso taxidermista saltillense”.
No había pasado mucho tiempo de la mano de oso que no era de humano, cuando aparece otra noticia, todavía más sorprendente: un mal hijo había asesinado a su madre en un cuartucho de vecindad en la calle Morelos, en el Centro Histórico de Saltillo. La cabeza o titular anunciaba: “Mató a su madre sin causa justificada”.
El Diario de Cabrerita publicó en una ocasión: “Calle huele a puf”. Y en otra: “Se creyó Tarzán y golpea a su suegra Chita”.
Una señora que se dirigía a la maternidad del Centro de Salud de Saltillo, tuvo la desgracia de abortar en plena vía pública y El Diario dio cuenta al día siguiente de la fatal noticia, bajo el enunciado: “Iba dar a luz y se le fundió el foco”.
Estaba muy próxima la Navidad y una noticia causó mucho alboroto entre la comunidad católica de Saltillo. Publicada en primera plana, rezaba así: “Tremenda paliza propinó San José a la Purísima Concepción”, y como no se tenía antecedente de tan singular acontecimiento celestial, pues primero causó enojo entre la llamada grey católica y luego la hilaridad. “La novena del Colegio de San José apaleó ayer a los muchachos de la Purísima Concepción, al vencerlos por 17 carreras a 2, en el juego de béisbol celebrado en esta última institución”.
Se dice en el argot que un periódico nace cada día por la mañana, y muere en la noche, para nacer de nuevo al día siguiente. Eso también es aplicable a El Diario de Cabrerita, pues mientras vivió imprimió un sello muy personal a su contenido y titulares. El hecho de que el periódico, propiedad de “El Güero” Salinas, como decían al dueño, ya haya perecido, no quiere decir que su paso por la historia informativa de Saltillo haya desaparecido. Estudiosos del fenómeno como el doctor Jorge Fuentes Aguirre, lo revivieron años después, máxime que quedaron plasmados los hechos en el libro de Salvador Borrego.
El Diario de Cabrerita formó parte importante por muchos años de Saltillo y de no haber sido por la llegada de Atila (El Sol del Norte), el periódico de la cadena del coronel José García Valseca, tal vez aquellos comerciantes e industriales de Saltillo que lo adquirieron y evitaron la quiebra por unos meses, lo hubieran conservado hasta nuestros días.
Así como compró y cerró El Diario, la cadena García Valseca también lo hizo con el otro periódico local El Heraldo del Norte. Es decir, borró la competencia de un solo plumazo, para quedar solo en la plaza. El Sol del Norte tampoco se publica ya en la capital coahuilense. Se vino abajo a la muerte del coronel García Valseca.
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