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Triunfalismo apabullado

Por Gerardo Hernández

Hace 5 años

Armando Guadiana acusó el golpe de las urnas, pero no perdió el estilo: “Vamos a sacar al PRI de Coahuila (…) con el mejor actor que tenga Morena en 2023 (mujer u hombre) y con ese debemos ganar (…). Nada de que ‘yo quiero ser y yo voy a ser’”. Nada de “encapricharse con un solo candidato, que todos los interesados e interesadas participen y que haya un consenso de cuál es el mejor”, declaró en rueda de prensa el 23 de junio en el Senado, a donde regresó tras fracasar en su intento de convertir la Alcaldía de Saltillo en su plataforma de lanzamiento para la gubernatura.

El senador anunció la formación de un “gran bloque opositor” para terminar con 94 años de gobiernos del PRI en Coahuila, uno de los tres estados, no el único, como mencionó, donde no ha habido alternancia. Al perder la Alcaldía, Guadiana perdió la mano para la sucesión del Gobernador. En esa tesitura, se apuntó “entre los cinco o seis actores o actrices (sic)” que aspiran al cargo. “No estamos encaprichados”, dijo en plural mayestático, “pero sí vamos a luchar todos para sacar a la persona que deba encabezar esos esfuerzos… y lo vamos a lograr”. Ir con el mejor candidato es clave, pues en la elección del 6 de junio “tal vez las ambiciones personales de algunos actores (…) afectaron para que no tuviéramos éxito en Saltillo y Torreón”.

Guadiana dice no entender aún cómo, si en vísperas de las votaciones las encuestas le concedían una ventaja promedio de 10 puntos, “nos dieron la vuelta a la tortilla”. En sus cavilaciones, este político y empresario polifacético y polémico recurre a una metáfora futbolera: “nos metieron muchos goles por no tener portero”. Sin embargo, ni Lev Yashin, la Araña Negra, podría haber frenado a la delantera del PRI donde Carlos Moreira (SNTE) y su hermano Álvaro, acarreadores estrella y campeones del juego sucio, son cachirules.

“Tuvimos una problemática fuerte el día de la elección”, admite el senador bigotudo: “nos falló la gente de Morena (…) me refiero a la parte cupular (del partido) en el estado, porque tanto Torreón como Saltillo y Piedras eran municipios que debimos haber ganado.

Por omisión o traición (…) en más de 400 casillas —de las mil de Saltillo— no tuvimos información, y a la fecha tenemos problemas para saber qué pasó (…). Los líderes locales que manejaron la elección, dizque con la estructura federal, no nos dejaron meter representantes nuestros”.

En el escenario más competido, el candidato de Morena ganaría con 125 mil votos contra 95 mil del PRI, de acuerdo con sus encuestas. Sin embargo, “como ustedes saben —dijo a los periodistas—, la operación del PRI fue enorme, tanto de parte del Gobierno del Estado como del Municipio, con cuatro grandes centros de acopio (están documentados), nada más en Saltillo, para preparar (desde el año previo a la elección) despensas y materiales de construcción”. Las policías estatal y municipal —acusó— acarrearon gente a las casillas “y de esa manera obtuvo votos el PRI. No es ninguna novedad”.

Luis Carlos Rodríguez, de El Universal, quiso saber quién operó la “traición hacia los candidatos de Morena” y cómo influyó la clase media para —en términos del candidato— darle vuelta a la elección.

Según Guadiana, ni el sufragio de los sectores con mayor nivel socioeconómico, ni el epígrafe de “Un voto por Morena es un voto contra México”, publicado por más de tres semanas por el cronista de Saltillo, Armando Fuentes Aguirre, Catón, en su columna, afectaron “gran cosa”, y así se midió “claramente en las casillas”.

Para Guadiana, las pifias, las ambiciones personales en Morena y la intromisión de los gobiernos de Miguel Riquelme y Manolo Jiménez provocaron su derrota. Y en el caso de Torreón, las rencillas entre exmilitantes del PAN (Luis Fernando Salazar y Reyes Flores Hurtado) hoy pintados de guinda.

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