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Coahuila

Trocitos en la historia reciente del Saltillo

Por Carlos Gaytán Dávila

Hace 1 año

Saltillo y su Zona Metropolitana (Ramos Arizpe y Arteaga), se le conoce como la “detroit de México”; la ciudad con aire somnoliento y sumiso quedó atrás, para enfrentarse a un vertiginoso crecimiento industrial y un retador desarrollo urbano.

En 1923 se fundó la Universidad Agraria Antonio Narro. En los años 50 se creó el Instituto Tecnológico de Saltillo y la Universidad de Coahuila. Y dos décadas más tarde, la Universidad Autónoma del Noreste y el Campus local del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey. La vida agrícola de Saltillo, en la segunda mitad del siglo 20, se fue transformando rápidamente hacia la actividad industrial; las huertas desaparecieron y la actividad fabril domina el paisaje de hoy.

Saltillo cambió el giro de las actividades agrícolas y textiles hacia las industrias con la creación de empresas como Cifunsa, Cinsa, Éxito, Molinos El Fénix, entre otras. A mediados del siglo, con la política proteccionisata de México, se siguieron creando empresas tales como Moto Islo en 1961, Zincamex e Inyecc Diesel en esa misma década.

Pero la explosión industrial ocurrió entre 1979 y 1981 con la llegada de las plantas armadoras de automóviles Chrysler y General Motors, junto con sus respectivas cadenas de proveedores. Desde entonces a Saltillo y su zona metropolitana (Ramos Arizpe y Arteaga) se le conoce como la “Detroit de México”. La ciudad con aire somnoliento y sumiso quedó atrás, para enfrentarse a un vertiginoso crecimiento industrial y un retador desarrollo urbano.

Desde sus inicios y hasta principios del siglo 19, la capital de Coahuila estaba acostumbrada al tráfico de mercaderes y compradores.

En la época actual, la que nos tocó vivir en Saltillo, cuadruplicó su población en tan sólo 12 años. Se expandió la ciudad con crecimientos poblaciones donde antes eran labrantíos. La estabilidad de la otra pacífica provincia, la que el presidente Echeverría pedía que no permitiéramos que creciera, comenzó a verse amenazada por la demanda de servicios y satisfactores que no teníamos. El agua el principal factor que agobia a nuestra ciudad comenzó a escasear.

Saltillo durmió plácidamente durante más de 400 años. Nunca experimentó la necesidad de crecer en orden. Tlaxcaltecas, españoles y portugueses no tuvieron la visión de trazar una ciudad a futuro. El “desarrollo” nos envolvió. Repentinamente comenzaron a desaparecer las frondosas huertas de “peras, manzanas, membrillos y higos”, —diría aquel viejito tlaxcalteca que vendía furtos en una canasta— que eran nuestro orgullo, para dar paso a conglomerados habitacionales o residencias para tropa y jefes. Surgieron los edificios industriales y el asfalto le fue ganando espacio a las áreas verdes, y con ello los problemas de ciudades grandes.

 

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