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Coahuila

Un abogado muy apegado al derecho

Por Carlos Gaytán Dávila

Hace 2 años

El tránsito del laborista Francisco Almaguer Valdés –por este valle– se remonta al Saltillo romántico, el de las calles polvorientas, los empedrados y las casas de adobe, algunas de las cuales en ruinas aún subsisten a pesar del paso del tiempo en el Centro Histórico.

Almaguer Valdés luchó a brazo partido con sus padres y hermanos para subsistir, y a base de sacrificios logró terminar con éxito su carrera de abogado, especializándose luego de un periodo corto como agente del Ministerio Público de la ciudad en destacado abogado defensor de las mejores causas de los trabajadores de la región, con testimonios, que a muchos otros ya les hubiera costado la chamba y tal vez la vida, o lograr una regular fortuna.

Francisco Javier prestó sus servicios imparciales al Estado y a su comunidad que no tienen ni duda, ni discusión. Habrá seguramente quienes lo prejuzguen en un afán de notoriedad o celo profesional, por acciones que se registraron en los tiempos modernos, y donde el recto licenciado en Derecho tuvo una valerosa y ejemplar intervención. En tiempos en que los funcionarios laborales no sólo recibían línea o instrucciones del Gobierno en turno, él se enfrentó a poderosos empresarios con la ley en la mano para evitar las acostumbradas arbitrariedades contra el desprotegido sector obrero de nuestra región.

Almaguer Valdés se amarró no sólo los pantalones, sino hasta los calzones, para defender el derecho de huelga y los reclamos de sufridos y explotados trabajadores. Tal es el caso concreto de la famosa e histórica huelga Cinsa-Cifunsa, que duró 43 días y creó el caos no sólo entre patrones y miles de trabajadores, sino a la propia ciudad y a la propia autoridad estatal en turno, comandada por el gobernador Eulalio Gutiérrez Treviño.

A mediados de 1977, el entonces joven abogado imparcialmente dio la razón a los trabajadores y personalmente como se acostumbraba hace algunos años en México, fue a colocar a las dos factorías las banderas rojinegras, para inmovilizar a las plantas puntales del GIS, evento que duró más de mes y medio y que inmiscuyó al presidente en turno Luis Echeverría, quien dio todo el apoyo, no sólo a los trabajadores, sino al presidente de la Junta de Conciliación y Arbitraje.

En su domicilio Almaguer Valdés recibió amenazas, que no quisiéramos suponer eran de parte del patrón, pero dudamos que los obreros a quienes favoreció legalmente hayan adoptado esa actitud.

No sólo era de muerte contra su esposa y sus hijos, sino de secuestro o de daños a sus seres queridos. Contra viento y marea el gobernador Gutiérrez lo sostuvo en el cargo y no permitió que renunciara, porque dijo, sería una muestra de debilidad contra los poderosos, para amolar a los fregados obreros saltillenses.

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