Coahuila

Publicado el martes, 16 de marzo del 2021 a las 04:07
Saltillo, Coah.- La mañana del 4 de marzo de 2011, Íñigo ingresó al Centro de Monitoreo del Sistema Estatal de Emergencias, se desempeñaba como paramédico de la Cruz Roja y su trabajo era atender las llamadas de auxilio de la ciudadanía.
El paramédico relata que la mañana transcurría tranquila, reportes de personas enfermas y algunos accidentes viales, hasta que a las 9 de la mañana todo cambió cuando se activó la alerta roja en la ciudad.
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Cuatro de marzo, un viernes, 9 de la mañana, se activa el código rojo, unas unidades de la Policía Estatal en ese tiempo pidiendo el apoyo, por una situación de un enfrentamiento posiblemente a balazos con ellos, aparentemente comienza en Venustiano Carranza a la altura de la escuela Margarita, y pues desatándose el tiroteo en varias zonas de la ciudad”.
El miedo se apoderó de todo el personal del Centro de Monitoreo, enfrentaban una situación de emergencia que nunca habían visto en la ciudad, un enfrentamiento entre policías y delincuentes a plena luz del día, en una zona escolar y comercial.
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Más que nada sentimos miedo todos los que estábamos ahí, miedo, la adrenalina al 100% porque teníamos que estar a la expectativa de lo que sucedía afuera, porque nada más lo que se escuchaba en los radios era lo que te imaginabas sobre lo que estaba sucediendo, algunas cámaras sí funcionaban, otras no, era más que nada estar alerta de lo que pidieran en ese tiempo las unidades”.
Un auténtico campo de batalla
Los policías pedían más y más refuerzos, las principales vialidades de Saltillo eran un auténtico campo de batalla, comenzaban a reportar heridos y hasta muertos debido a la balacera.
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En algunas ocasiones gritaban ya llorando que necesitaban el apoyo de unidades porque ya tenían varios compañeros lesionados, e inclusive pues posiblemente fallecidos, pidiéndonos la ubicación de las unidades, cuando no nos dábamos abasto porque era en diferentes puntos de la ciudad”.
Recuerda que las llamadas de auxilio se intensificaron, tenían que utilizar toda su concentración y capacidad para atender los reportes, crisis nerviosas, personas asustadas, gente que quedó en medio del fuego cruzado.
Horas de incertidumbre
Fueron horas de incertidumbre, de temor, de zozobra en el Centro de Monitoreo, sabían lo que pasaba por los reportes que llegaban, pero no tenían pleno conocimiento de lo que verdaderamente sucedía afuera, en las calles.
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Había tristeza, enojo, preocupación, había gente que sí estaba en constante comunicación, tanto con sus jefes de las corporaciones como de la familia y hasta había llanto”.
A partir de ese día, la vida de Íñigo como paramédico cambió, a diario llegaba a su trabajo con temor de que se activara de nuevo el código rojo, cada ruido lo alertaba sobre una posible situación de riesgo.
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Siempre estábamos a la expectativa, cada ruido, cada explosión, aunque fuera de una llanta, creíamos que era ya una situación de riesgo para uno y para la ciudadanía porque era casi a diario, ya era el pan nuestro de cada día estar con esa expectativa de que sucediera algo”.
El 4 de marzo detonó la etapa de mayor violencia no solo en Saltillo, sino en el estado, las personas vivieron el horror de una época negra en la historia de la ciudad, meses en los que casi a diario había
enfrentamientos.
Cambió su vida
Íñigo acumuló varios momentos en los que le tocó atender a los heridos, en los que estuvo en medio de los enfrentamientos, en los que le avisaron sobre compañeros caídos en el cumplimento de su deber.
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Sí tenía yo miedo porque más que nada vimos y vivimos muchas situaciones de riesgo y lo que intentamos hacer fue ir a terapia o irnos retirando poco a poco de ese tipo de hábito”.
Estar en la primera línea de batalla, atendiendo a los heridos, documentando los fallecidos, lo obligó a cambiar sus rutinas, como a todos sus compañeros, al salir del trabajo se reportaban cada cinco minutos hasta que llegaban a su hogar.
También había preocupación por su familia, porque toda la ciudadanía estaba en riesgo, los enfrentamientos sucedían a cualquier hora, en cualquier parte.
Fue una época de terror, de horror, la cual el paramédico menciona que le dejó grandes enseñanzas, pero también tristes recuerdos. El 2011 fue un año que marcó la vida no solo de Íñigo, sino de toda la población, un año de horror, un año de muerte.
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