En términos generales, 2025 fue un buen año para Coahuila y su gente. Más allá de las obras, primeros lugares en inversión, llegada de empleo, competitividad; hay que destacar los esfuerzos del gobernador Manolo Jiménez Salinas por su férrea defensa por mantener la seguridad y el blindaje, así como por mejorar los resultados. Algo muy difícil, sobre todo ante el panorama nacional y de los estados que nos rodean.
Ya de lleno en el tercer año de gestión, se viene el periodo de consolidación del gobierno echado pa´delante, donde las alianzas seguirán sirviendo para superar obstáculos y ampliar los alcances.
En Manolo Jiménez no solo el PRI encuentra un firme liderazgo, sino también la sociedad civil, los empresarios, los cuerpos de seguridad, la ciudadanía en general. Se nos comenta que viene un 2026 lleno de sorpresas y de más acciones para mejorar la calidad de vida de los coahuilenses.
En el caso de Saltillo, con Javier Díaz González se notó un cambio para bien. Una gestión más dinámica, propositiva y audaz; donde se le apuesta a la innovación y al uso de la tecnología para lograr una urbe más eficiente.
Calló las bocas de sus detractores con los programas Aquí Vamos Gratis, Activa tu Parque, adecuaciones a cruceros, Amor en Movimiento, entre otros.
Fiel a la mística del gobernador Manolo Jiménez, vimos a un Alcalde de territorio, de acuerdos, de acciones contundentes. Que no busca la confrontación pero que no rehúye de los retos.
De igual forma, viene un año de retos para Saltillo con la consolidación del proyecto de modernización del transporte, así como nuevas obras para mejorar la movilidad de la ciudad; todo sin olvidar que se debe mantener el título de la capital más segura de México.
En el caso de Ramos Arizpe, el alcalde Tomás Gutiérrez Merino promete un año de mucho trabajo, apostándole por el fortalecimiento de la unidad social, el trabajo coordinado y una visión clara de futuro.
Durante el año pasado hubo buenos avances, como la renovación del C2, la primera Clínica de la Salud Popular, la Ruta Estudiantil, a lo que se sumaron tiros de precisión en obras sociales para el campo y la ciudad.
Ojalá todos los alcaldes tuvieran buenas intenciones. Lamentablemente no es el caso de Román Alberto Cepeda, en Torreón. Prueba de ello fueron los resultados de la Auditoría Superior del Estado, donde se pudo corroborar que jamás hubo el propósito de corregir la plana. Por el contrario, afinaron el robo en despoblado y cerró su primera gestión con irregularidades equivalentes a 236 millones de pesos; que dio un total de 767 millones en observaciones no solventadas entre 2022 y 2024, como lo comentamos en este espacio el día de ayer.
Y ojo, porque falta por dar a conocer cómo le fue a los organismos municipales desincorporados, que también se despacharon con la cuchara grande y manejaron los recursos públicos con total desaseo. Pero de eso hablaremos mañana, que hay mucha tela de dónde cortar.
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