Don Ernesto Hernández Flores se caracterizó por ser un hombre en toda la extensión de la palabra, probo, educado, buen padre, mejor esposo y ejemplo de tenacidad y trabajo. Junto a su amada esposa doña Aurora García Avadariba, española legítima, que vino por casualidad a Saltillo, para enamorarse del caballero, fueron pilares de una gran familia que no niega sus raíces del barrio cuna, El Ojo de Agua.
Que sirva este articulo como un homenaje a todos los padres buenos que tiene nuestra querida ciudad.
En la segunda pendiente de la cuesta de la calle de Hidalgo sur, corazón del barrio, se localizó por más de 40 años la tienda de abarrotes Las Islas Canarias, propiedad de un señorón, don Ernesto Hernández Flores.
Cualidades le sobraban al varón: íntegro, sin vicios, dedicado en cuerpo y alma al comercio y a su gran familia, integrada por doña Aurora, hija legítima de legítimos españoles que llegaron a Piedras Negras, y por sus nueve hijos, hermosas mujeres y apuestos varones, casi todos de una estatura mayor al común de la barriada.
Leoncio, Ernesto, Cayo, y las mujeres Raquel, Minerva, Emilia, Olga, Micaela y Aurora, todas muy bellas, que hacían suspirar a los jóvenes de ese conglomerado al sur de Saltillo.
“Quería que todos fueran como él”, me dijo un día doña Aurora García Avadariba, de gran aspecto ibérico, preciosa dama, madre de los Hernández García, quien con nostalgia recordaba a don Ernesto que se le adelantó en el camino. Por más de 57 años fue su compañero de vida.
Don Ernesto era un apasionado del trabajo, hasta cierto punto exagerado. Para no perder tiempo dormía en la trastienda del almacén para abrir muy temprano, pues a las 5 de la mañana, ya tocando la puerta, el panadero y el lechero. Hernández Flores era originario del ejido La Hedionda, de donde llegaron gran número de sus habitantes a poblar el Ojo de Agua. La historia de amor de Aurora y Ernesto se registró cuando ella hizo un viaje a Saltillo para visitar unos parientes y Cupido les atravesó los corazones con una flecha dorada, la flecha del amor.
El nombre de la tienda, Las Islas Canarias, fue impuesto por doña Aurora, pues sus padres eran originarios de la isla la Gran Canaria, en España.
La familia Hernández García se multiplicó sobremanera. Doña Aurora me contabilizó con mucho júbilo y orgullo 40 nietos, 37 bisnietos y un tataranieto, “y la cuenta sigue”, me dijo con ese tonillo muy castizo, muy español.
La anécdota
Constantemente “los amigos” invitaban a don Ernesto a ir de parranda, o cuando menos a tomarse unas copas, invitaciones que siempre rechazó con mucha dignidad, prefirió romper con esas amistades y no dejarse llevar por el licor –¡aunque fuera una copita!–.
Era un hombre benevolente que ayudó a mucha gente y fue la cimiente para algunos negocios de sus parientes.
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