Coahuila
Hace 3 años
A veces las cosas no resultan como se proyectaron al principio, los autores jamás se imaginaron que dentro del gremio habría algunas personas que aprovecharon las conquistas sindicales para su beneficio personal.
La pequeña comunidad de Morelos al norte del estado dio a la educación un gran personaje, el honesto maestro Severino Caderón González, quien se dedicó más de cinco décadas al magisterio y al sindicalismo en cuerpo y alma.
Fue uno de los principales organizadores de la creación de la Sección 38 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
A Severino Calderón González se debe el ahora vilipendiado Servicio Médico de los trabajadores de la educación del Estado, además autor del Fondo de Defunciones del citado organismo sindical.
A los 76 años decide jubilarse, muchos dicen que se había tardado, pues maestros de su generación con 30 años de actividad ya lo habían hecho con mucha anticipación.
El mentor que vivió modestamente recibió varios reconocimientos, incluyendo una medalla de oro del Ayuntamiento de Saltillo, al ser considerado hijo predilecto de esta tierra.
Además se le impone el nombre de “Severino Calderón González” al edificio sindical de la calle de Manuel Acuña. Una escuela de la ciudad de Saltillo lleva dignamente su nombre.
Murió en Saltillo el 9 de mayo de 1971. 16 años después sus restos fueron reinhumados en la Rotonda de los Coahuilenses Distinguidos en el Panteón de Santiago de la capital de Coahuila, por decreto del entonces gobernador del Estado, José de las Fuentes Rodríguez.
La anécdota
Severino Calderón González era un hombre muy estimado por la sociedad saltillense. El día de su cumpleaños era común que un grupo de buenos músicos –Tapia R., Yeverino, Cuevas, entre otros–, le llevara Mañanitas a su domicilio.
El maestro los invitó a desayunar. Esa ocasión no tenía dinero con que pagarles y les dio un cachito de la lotería a cada uno, de un entero que “El Cantinflas” le fiaba. Esa misma noche el billetero llegó a la cantina donde se reunían los músicos y les dio la buena nueva, ¡le habían pegado al “gordo”! (el premio principal) de la Lotería Nacional.
Este pasaje pasó a ser como “la serenata más cara del mundo”.
Más sobre esta sección Más en Coahuila