Qué difícil era conciliar lo que se decía del entorno, escolar y familiar, de la niña Valentina, con la decisión que tomó de acabar con su vida. Algunas personas aventuraron, hace días, que tuvo que experimentar un evento muy traumático como para orillarla a esa fatal determinación.
Hoy sabemos, por los resultados de la necropsia practicada a esa talentosa y dedicada alumna de quinto grado de la primaria Urbano Flores, que los que aventuraban la hipótesis de un evento traumático y devastador, tenían razón. Esta niña, inocente, atenta, considerada, fue brutalmente abusada.
Una bestia, un maldito, la violentó en cuerpo y alma; abusó de ella y robó a esta pequeña todo lo bueno y sano que el mundo le ofrecía. La sumió en tal dolor, de cuerpo y mente, que días después se suicidó.
Queda en las autoridades realizar las investigaciones que correspondan y dar con este animal, con este maldito, para que pague todo el daño que hizo y a la sociedad, especialmente a los padres de familia y los propios niños y niñas, entender que vivimos en un entorno muy hostil, salpicado de verdaderas bestias, de depredadores a los que nos les importa acabar con vidas con tal de saciar sus más bajos instintos.
Vivimos en una selva y todos debemos cuidarnos y cuidar a los que nos rodean ya que simplemente no existe un espacio seguro, especialmente para los más vulnerables, nuestros niños.
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