Realmente urge recuperar nuestro amado país antes de que se lo acaben quienes hoy ostentan el poder.
El error más grande que ha cometido el actual presidente es creer que el país es de su propiedad, por lo tanto, como dueño puede hacer lo que le venga en gana. Y no es así.
Llegó al poder por la vía democrática, nadie lo discute, con mayoría de sufragios depositados en las urnas por ciudadanos que creyeron en su discurso.
Gracias a Dios no fui una de esas personas que se dejaron llevar por una oferta política mentirosa y ladina. ¿Cómo darle un voto a quien manda al diablo a las instituciones?
El individuo que incita al odio, miente con enorme facilidad, polariza a la sociedad y es capaz de despreciar a las instituciones y no respeta la Constitución Política de su país, creí y sigo estando convencida que no merece la confianza de los ciudadanos para gobernar un país tan maravilloso como lo es el nuestro.
Bien lo dijo Michelle Obama en uno de sus excelentes mensajes pronunciado en el año 2012 “Ser presidente no cambia tu esencia, revela lo que eres. Y lo mismo es cierto de una campaña presidencial; si un candidato es errático y amenazante; si un candidato explota prejuicios, miedos y mentiras durante su campaña, si le falta el respeto a sus conciudadanos” “No se trata de enviar tweets insultantes o dar discursos agresivos, se trata sobre si el candidato es capaz de asumir la impresionante responsabilidad de liderar esta nación. Ser presidente no es un “reality show”
Se refería, por supuesto, a su país, Estados Unidos. Sin embargo, queda perfectamente clara la reflexión.
Cinco años han transcurrido ya de haberse instalado el nuevo gobierno en nuestro país y nos hemos dado cuenta de que el presidente olvidó bajarse del templete donde se subió cuando era candidato.
El mismo discurso ofensivo en contra de los que él, en su mente distorsionada, considera sus enemigos. Insultos todos los días, burlas, chistes tontos que a nadie hacen reír; bueno, quizás al grupo de aplaudidores en su mañanera, más por compromiso que por auténtico convencimiento.
Lo más triste y lamentable de la pésima actuación de quien decidió apoderarse de nuestro palacio, es el odio que ha sembrado en mentes y corazones débiles.
Maldad, deshumanización, destrucción, es el grado de descomposición política y social a que hemos llegado. Se ve reflejado en el avance peligroso que ha tenido la criminalidad por la incapacidad de un gobierno que no ha querido hacer frente al grave problema de inseguridad que todos padecemos. No hay duda que los compromisos adquiridos previamente con las bandas del crimen organizado deben ser más fuertes que el amor a la tierra, a un México sediento de justicia y de paz.
Mientras se incrementa el número de asesinados, el inquilino de palacio tenía su festejo con las llamadas “corcholatas”. Nos quedó claro que el señor no ha gobernado porque no le importa el país, por eso ha estado en campaña cinco años. Tiempo perdido en el que el país se ha ido derrumbando por la ineptitud y ante todo, la maldad de un hombre que destruye lo que encuentra a su paso.
México merece mucho más que gente resentida, mentirosa, que culpe a pasados gobiernos de todo lo malo que existe y no se esfuercen por mejorar las condiciones de México. Cinco años en una campaña de desprestigio a instituciones y a funcionarios que cumplen con su deber y respetan las leyes con un solo propósito: destruir para hacerlas a conveniencia.
Cinco años en los que nos hemos dado cuenta de que desde palacio se ha utilizado la mañanera para “golpear” a sus adversarios y promocionar a sus corcholatas en un dedazo disfrazado de democracia. Quedó claro que ha sido -con nuestros recursos- promotor de su movimiento o partido en vez de gobernar.
Las puertas de palacio nacional, nuestro palacio, no se abrieron para las llamadas “madres buscadoras”, mujeres que han sufrido la pérdida de un hijo o hija y no han cesado en su afán, muy legítimo, de encontrar ese pedazo de su corazón. No se han dado por vencidas, la esperanza las acompaña en esa travesía que nadie sabe cuándo terminará.
Así como esas madres que lloran a sus hijos, también recibieron por respuesta a sus peticiones, la indiferencia, la falta de empatía de quien se dice “humanista”. Los niños con cáncer -algunos de ellos- no obtuvieron sus medicamentos ni tratamientos para su padecimiento.
Como si fuera poco y no conformes con lo que han dejado de hacer por ignorancia o maldad, tenemos los libros de texto gratuitos. Elaborados por los “geniecillos” de la 4T. Tema ampliamente discutido.
Por todo lo anterior y lo que quedó pendiente, hay que tener presente que nuestro México es una gran nación y merece ser rescatada. Eso se logrará con mucha decisión, uniendo voluntades, esfuerzos sin importar colores partidistas. No hay que olvidar que nuestros recursos están siendo utilizados -aunque lo niegan- para promover una supuesta transformación que de sobra sabemos hacia dónde se dirige.
Un México mejor sí es posible. Lo será si nos mantenemos unidos los que verdaderamente amemos nuestro país y deseamos rescatarlo. No se requieren más de dos contendientes. Así es que vayan guardando su ego para otra ocasión, los que tratan de obtener una candidatura que de sobra saben que lo único que conseguirán será dividir. Se requiere inteligencia para hacer frente a todo lo que está por venir, que no creo sea poco.
México merece el esfuerzo de todos para recuperarlo, porque ya de abusos y traiciones estuvo bien.
Es ahora o nunca.
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