Primero una afirmación: sabemos que los registros oficiales son una aproximación de lo que realmente sucede en nuestras calles en el tema de la pandemia, pero aun así representan la única herramienta que nos permite proyectar con cierta solvencia “el momento” que vivimos, y lo que refieren estos registros no podía ser más extraño o peculiar.
En prácticamente una semana pasamos de tener un promedio diario de nuevos contagios superior a mil 500, a menos de mil, una disminución sustancial en la propagación del virus, al menos hasta donde es posible determinarlo en cifras oficiales.
Pero lo peculiar es que la letalidad del SARS-CoV-2 se mantiene muy alta, arriba de 20 decesos, en promedio, cada 24 horas.
Entonces, navegamos por una suerte de anomalía en la que disminuyen los contagios, pero se mantiene muy alto el número de fallecidos, lo que compromete la afirmación de que la variante, supuestamente dominante, Ómicron, es mucho más benigna que otras mutaciones de este coronavirus.
Tal vez Ómicron no es tan benévola como se suponía, o tal vez aún no es dominante y tenemos en nuestras calles, con cierta fuerza, a la peligrosa variante Delta.
Como sea, usted cuídese, aunque digan que ya estamos en meseta o que lo más difícil ya pasó.
Independientemente de que sean menos de mil los contagios diarios, lo realmente preocupante es que se mantenga la tasa de letalidad que tenemos actualmente, y que es muy alta, como estaba en el peor momento de la pandemia, hace un año.
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