Cuauhtémoc González de León es un destacado artista de la plástica saltillense, quien desde niño descubrió sus habilidades para el dibujo, e inicia profesionalmente a los 11 años, en unas vacaciones de la escuela federal Tipo 20 de Noviembre, contratado por una curandera, quien lo llevó a recorrer algunas comunidades de la frontera tamaulipeca, para que le hiciera pequeños retablos con alegorías religiosas que “la hechicera” comercializaba entre sus clientes y de las ganancias lleva un porcentaje el nobel dibujante.
González de León nació en el barrio del Ojo de Agua, y con su familia habitó una casa por la calle Hidalgo, construida sobre un barranco, a la cual se accesaba lógicamente por unas gradas.
La vida de Cuauhtémoc está llena de aventuras. Siendo extensionista de la entonces Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos, recorrió algunas regiones del estado y del país, al tiempo que seguía practicando el dibujo. Se inscribe en la Escuela de Arte de la ciudad de Saltillo, donde obtiene la técnica y los conocimientos de algunos buenos maestros, como la gran pintora Eloísa Ruiz.
400 años de historia de Saltillo
La consagración como pintor le llegó a Cuauhtémoc del cielo, cuando la propia maestra Ruiz lo propone como ayudante de Elena Huerta, artista saltillense, quien invitada por el entonces alcalde de la ciudad, Luis Horacio Salinas Aguilera, se propone la pintura un mural en las paredes del antiguo edificio del Ayuntamiento en las calles Aldama e Hidalgo, en el Centro Histórico de la ciudad. Huerta basa su obra en el libro Historia de Coahuila, del maestro y escritor Ildefonso Villarello, que comprende desde la fundación del Saltillo hasta pasajes de nuestra época.
Ella lo describe como un gran regalo de la vida, el gran mural del ahora Centro Cultural Vito Alessio Robles. La encomienda no era tan fácil, la señora con 75 años no tenía la plasticidad física para hacer sola la obra y empieza a buscar ayudantes. Mario Herrera, hijo del maestro Rubén, gran pintor muy nuestro, le recomendó a Mercedes Murguía. La otra sería Olga Castro, quien se disculpó, pues estaba haciendo la galería de los gobernadores.
Eloísa Ruiz, quien fue compañera en la Academia de Saltillo, le recomendó a una joven promesa de la pintura local, Cuauhtémoc González de León, que tardó un poco al integrarse al equipo. Los dos ayudantes se entregaron al muro con todo el corazón.
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