Dice el Presidente que el país vive un proceso de transformación pacífica, democrática y con dimensión social. Este proceso es imparable, gústele a quien le guste, y al que no, pues seguirá viendo desde la barrera, añorando viejos privilegios, cómo México cambia de ser un país con gobernantes corruptos, con grandes desigualdades y pobreza, a un país próspero, seguro y con oportunidades de progreso para todos.
Muy bien. Resulta altamente satisfactorio el vivir en un país así, como el nuestro, que supera poco a poco el daño sufrido a lo largo de décadas, que no es más que la resulta de excesos, omisiones y hasta torpezas de los que en su oportunidad tuvieron la más alta responsabilidad de conducir por buen sendero a esta nación.
Ahora hay que aplaudir que por fin se dan pasos sólidos para abatir la pobreza. Todos los programas asistencialistas ya no son meros subsidios a la sobrevivencia, como siempre lo han sido, ya que todos los gobiernos aplicaron eso de los programas sociales, de los apoyos en especie y efectivo para los sectores más vulnerables. No, ahora, esos pesos que se distribuyen entre la población, sirven para romper el círculo de la pobreza.
También es grato el vivir, por fin, en un país en el que la política de los abrazos, no balazos, puso fin a la espiral de violencia que no parecía tener fin. Incluso, ahora ya no hay impunidad.
Y, para no confundir a nadie, eso de que 90% de los delitos queda impune, según la organización México Evalúa, que contrastó los datos de las fiscalías estatales en el país, es estridencia política. Eso de que en lo que va del presente sexenio, el que es distinto y mucho mejor, se han cometido 85 mil homicidios dolosos, en promedio 4 cada hora, y entre ellos 10 feminicidios cada día, es amarillismo.
Eso de que los pobres siguen siendo pobres, ya que los programas asistencialistas no construyen andamiajes sociales, económicos e incluso culturales y educativos que permitan romper el círculo de pobreza, es mera retórica de conservadores y fifís.
No, vivimos en un país que avanza, sólido, a la justicia y la igualdad plena y de oportunidades de progreso para todos. Un país democrático en el que ya no hay corrupción, y en el que se respetan las leyes, y eso, hay que aplaudirlo. ¿O no es este el México en el que usted vive?
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