Pues sí. Pasó lo que tenía que pasar y estamos en amarillo. Dimos, como sociedad, un pasito para atrás en la lucha contra la pandemia. Y es que, de plano, como sociedad en su conjunto, no entendemos. Nos confundimos con mucha facilidad; malinterpretamos el entorno y nos confiamos justo cuando no deberíamos confiarnos.
El nivel de propagación del Covid y su media docena de variantes, obligó al Gobernador a anunciar algo que había intentado evitar por todos los medios posibles: declarar oficialmente a Coahuila en semáforo amarillo. Y no hay que darle vueltas: es culpa de todos, de los que con la vacuna se sintieron inmunes, de los que ante la reactivación creyeron que ya no pasaba nada. De los que caminan alegremente por las calles sin cubrebocas y especialmente, de los que se aglomeran, los que se reúnen en hogares, bares y restaurantes… de los que ignoran la sana distancia.
Bueno, pues de todos nosotros, incluyendo a esa mayoría que no entiende, se confunde y confía, depende que las cosas no vayan a peor y que se ponga en riesgo el regreso a clases presenciales, aunque sea en el modelo híbrido.
De todos nosotros, de los ciudadanos, depende no pasar a semáforo naranja y que las cosas se compliquen aún más; que se ponga en riesgo todo lo que tan penosamente hemos logrado, sociedad y Gobierno, en términos de reactivación económica.
Por favor, cuídese, use cubrebocas, aunque esté vacunado y, especialmente, mantenga con rigor eso de la sana distancia. Recuerde, aún estamos bajo el yugo de la pandemia y lo más tonto que podemos hacer es alimentar a este virus con nuestra indolencia.
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