Siempre he sentido un respeto por las frases célebres, los dichos populares, los refranes y hasta por los chistes que entre línea y línea dicen puras verdades.
La juventud hace que las personas no aprecien la realidad en su justa dimensión, no por que carezcan de inteligencia, sino porque les falta vivir, ese conocimiento que da la experiencia es el ingrediente que le falta a una persona joven para apreciar el mundo en su esplendor, lo que comúnmente se llama madurez.
Y después cuando ya estás en esa etapa, resultan las añoranzas de cuando eras joven, no importa en qué etapa de la vida estés, si tienes ochenta, piensas en lo que hacías a los cincuenta, si tienes cuarenta lo que hacías a los veintitantos, si tienes treinta, andas pensando lo que hacías a los quince años, y si tienes veintitantos no tienes excusa de andar añorando la juventud ni andar diciendo que estas viejo, porque caes mal; se escucha igual que cuando un flaco dice que esta gordo.
Pero en fin, lo cierto es que más sabe el diablo por viejo que por diablo, esto lo aprendí muy pequeña, más vale maña que fuerza decía papá, y cuando en una ocasión mi madre perdonó, al reclamarle yo: ¿madre porque le perdonas?, me dijo con una voz muy serena: Hija, cuando uno tiene cierta edad no ve las cosas como ustedes, la vida no es blanco y negro, la vida tiene muchos colores que no dependen de ti, por eso uno aprende a perdonar sinceramente. Y es bien sabido que las madres siempre hablan palabras llenas de razón.
Un tiempo después, me encontraba buscando un poema para participar en un concurso de poesía que año con año se organiza en la Eva Sámano de López Mateos, la secundaria donde estudié; leía desesperadamente uno y otro sin sentir realmente atracción por uno en especial, hasta que me topé con uno de la poetisa Gabriela Mistral, recuerdo que me transmitió paz y algo más, algo sorprendente, por eso lo escogí, helo aquí:
“Ya en la mitad de mis días espigo esta verdad con frescura de flor:
La vida es oro y dulzura de trigo, es breve el odio e inmenso el amor.
Mudemos ya por el verso sonriente aquel listado de sangre con hiel.
Abren violetas divinas, y el viento desprende al valle un aliento de miel.
Ahora no sólo comprendo al que reza; ahora comprendo al que rompe a cantar.
La sed es larga, la cuesta es aviesa; pero en un lirio se enreda el mirar.
Grávidos van nuestros ojos de llanto y un arroyuelo nos hace sonreír; por una alondra que erige su canto nos olvidamos que es duro morir.
No hay nada ya que mis carnes taladre.
Con el amor acabose el hervir.
Aún me apacienta el mirar de mi madre.
¡Siento que Dios me va haciendo dormir!”
Siempre he sido fan de los poemas cortos, sobre todo cuando es para declamar en público, pues en mi opinión es preferible que el espectador pueda tener una idea precisa del mensaje que se transmite con el poema, que perderse en un mar de palabras, pues los poemas muy extensos, esos que tienen hojas y hojas llenos de versos fatigan a los pocos minutos; por eso también elegí ese poema.
Además de que, la protagonista era una mujer madura, que hablaba de poseer la verdad, en la que comparaba la vida con el oro, que no sentía odio, solo inmenso amor; la vislumbré en un paisaje a cielo abierto lleno de flores, el viento acariciándole la piel, percibiendo un aroma tan dulce, que evocaba la plenitud.
Por otro lado percibí que, no todo fue dulzura, esa mujer también había pasado sufrimiento, eso hizo que la viera como una mujer real; pero el mensaje era claro, a la adversidad te sobrepones, que la respuesta a todas tus tribulaciones es el amor.
Sin embargo, aquello que me sorprendió del poema fue que, cuando lo leí por primera vez, me pareció que era la respuesta de una mujer que no le tiene miedo a la muerte, pude ver una vida transcurriendo frente a mí, la vida bien vivida, una felicidad serena, plena, por primera vez a mi corta edad, era una respuesta distinta frente a la idea de afrontar la muerte.
Me recordó las palabras de mis padres, me transmitió madurez y certeza de que caminar por la vida solo te hace más fuerte y emocionalmente indestructible; creo que ese poema enseña cómo vivir sin miedo hacia el futuro.
Por último, me detuve a observar como esa mujer decía que el canto y la música también son medicinas que sanan el alma.
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