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Un Presidente futurista

Por Francisco Martín Moreno

Hace 5 años

México será el país de la oportunidad, atraeré a los capitales de todo el mundo, se revaluará el peso por la catarata de exportaciones de toda naturaleza, se alcanzarán cotizaciones en la bolsa de valores a niveles nunca antes vistos, se protegerá a los ahorradores, se crearán millones de empleos, las acciones de empresas mexicanas cotizadas en Wall Street se dispararán al infinito, volveré a prestigiar la colosal marca México y las casas calificadoras emitirán dictámenes de solvencia económica en razón de la acelerada amortización de la deuda pública y privada. Las cuantiosas utilidades de las empresas enriquecerán también al erario, por lo cual, además de la asistencia pública, se construirán obras de infraestructura para sorprender a propios y extraños. Se cancelará la fuga de capitales con lo que se beneficiaba a otros países.

Seremos el ombligo del mundo porque atraeremos inversionistas de Estados Unidos y Canadá, nuestros socios, además México será una potencia magnética para captar recursos de Asia, Europa y América del Sur. ¡Es nuestro momento, compatriotas!

Cancelaré la refinería de Dos bocas que ha generado una hemorragia suicida del ahorro público, porque en 5 años la mayor parte de la planta automotriz mundial será eléctrica. Entendamos: en la próxima década se contará con una flota mundial de 130 millones de automóviles eléctricos sin contar motocicletas ni autobuses. ¿A dónde íbamos con una refinería que costará 12 mil millones de dólares tirados a la calle, en lugar de crear millones de empleos invertidos en la economía? Por supuesto que terminaré el aeropuerto de Texcoco y llegarán 80 millones de pasajeros con la consecuente derrama económica.

Estimularé el fracking para extraer gas y gasolina con inversionistas foráneos, de modo que en el muy corto plazo nuestro país sea reconocido como “México Saudi”.

La tecnología se desplaza a velocidad meteórica e irrumpe en nuestras vidas y en nuestros hogares, empleos y ocupaciones, con la fuerza de unos vientos huracanados.

Los automóviles eléctricos inteligentes, sin conductor, se acercarán a donde sean llamados por un simple teléfono celular. Los recién nacidos al día de hoy desconocerán la utilidad de una licencia para conducir. Los antiguos estacionamientos se convertirán en áreas verdes. Las gasolineras desaparecerán, al igual que las industrias del carbón. Las casas habitación generarán y almacenarán más energía eléctrica durante el día para vender la sobrante a la red. Se aprovecharán las más diversas energías como la solar, la eólica o la marina, entre otras más, para desplomar los precios al consumidor y crear un ambiente sanitario adecuado para preservar la salud humana.

Los invernaderos operados con tecnologías sofisticadas producirán alimentos abundantes a precios de ganga. Avanzaremos en computación cuántica. Recurriremos a la inteligencia artificial, abriremos el paso a la robótica y disminuiremos el lavado dinero al utilizar los celulares para llevar a cabo los pagos sin utilizar
billetes.

México volverá a ser el cuerno de la abundancia, porque además de construir un estado de derecho, invertiré como nunca antes en ciencias y tecnología, la garantía de una supervivencia sana que hará más competitivo a nuestro país en el mundo.

Los equipos electrónicos diagnosticarán el cáncer con más precisión que los médicos humanos. Las personas vivirían muchos años más al tener en casa sacos con sus propias vísceras para sustituirlas quirúrgicamente con las enfermas existentes en sus cuerpos, sin mayores contratiempos.

La revolución educativa se convertirá en un filtro para evitar que nuestros hijos adquieran conocimientos inútiles y se les prepare a la altura de las academias mundiales para ubicar a México al frente de los países con enorme capacidad cultural y económica.

Comunicaremos a México con telecomunicación de 5G para evitar el rezago tecnológico. No gobernaré con la mirada puesta en el espejo retrovisor, sino viendo siempre para adelante. Ya aprendimos de la historia lo que acontece a los países que se amurallan y cierran sus puertas y fronteras al exterior. Jamás nos volveremos a amurallar, ¡jamás!

Soñar no cuesta nada.

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