La Semana Santa se considera, efectivamente, un tiempo privilegiado para la introspección, la renovación interior y la reflexión social.
Más allá de su significado religioso, este periodo invita a hacer una pausa para evaluar los valores y pilares que sostienen a una sociedad
El 25 de marzo de 2026, senadores de Morena, incluyendo a Gerardo Fernández Noroña, increparon a Grecia Quiroz, alcaldesa de Uruapan y viuda de Carlos Manzo, al gritar “¡Morón, Morón!” en el Senado. La acción alude a Raúl Morón, a quien Quiroz señala por el asesinato de su esposo, generando indignación y críticas por falta de solidaridad.
La política, en su concepción más pura, debería ser el ejercicio de la palabra para construir acuerdos y representar la dignidad de un pueblo. Sin embargo, lo vivido ese día, el Senado de la República con Grecia Quiroz, no es solo un episodio de mala educación; sino, es la radiografía de una descomposición moral que parece no tener fondo.
Gritarle en la cara, con burla, a una viuda el nombre de quien se presume responsable del asesinato de su esposo no es una estrategia parlamentaria, ni un debate acalorado por un tema político. Sin duda, es un acto de cobardía vil que utiliza el dolor ajeno como arma para causar aún más daño.
Ver a los senadores del partido oficialista caer en estas dinámicas de sátrapas, como bien se percibe en la ciudadanía, demuestra que el poder a nublado cualquier rastro de ética, ya que, al mofarse de una viuda, se mofan también de los miles de víctimas de la violencia que azota al país, una guerra que, lejos de detenerse, parece ser ignorada o incluso minimizada desde las esferas del poder.
Es alarmante que, por causa de la narrativa oficial ahora se permita que sus cuadros puedan pisotear la dignidad humana. México no solo enfrenta ahora una crisis de seguridad, sino que también habrá que sumarle esta crisis de humanidad por parte de los que se dicen representantes de la sociedad mexicana.
Con lo sucedido con la alcaldesa de Uruapan, donde su desgracia se utilizó como broma de la mayoría en el Congreso, la democracia dejó de ser funcional para convertirse en una tiranía de las formas más rancias.
La política mexicana se ha denigrado a niveles históricos, ya que, estos rapaces de no solo han descompuesto las instituciones, sino que están rompiendo el tejido social básico: el respeto al duelo y a la memoria de los muertos.
Lo ocurrido en el Senado con Grecia Quiroz no es un incidente aislado, sino el síntoma de una metástasis ética que ha invadido la vida pública de México.
Gritar el nombre del presunto verdugo de Carlos Manzo a su propia viuda es una bajeza que trasciende la política; es una declaración de guerra contra la decencia humana básica.
Es aquí donde el ciudadano debe mirarse al espejo.
¿Cómo puede alguien con un gramo de moral seguir aplaudiendo a un movimiento que se nutre del escarnio hacia las víctimas? Solo alguien que ha extraviado por completo sus valores pueden avalar el trabajo de estos personajes.
El apoyo a la “4T” ha pasado de ser una preferencia política a ser un diagnóstico de vacío ético.
Un Senado que permite que se grite el nombre de un presunto verdugo en la cara de una víctima, es un Senado que ha perdido su derecho a existir.
Y una ciudadanía que lo avala, es una ciudadanía que ha perdido su derecho a la indignación.
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