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Coahuila

¿Una exageración?

Por Alejandro Irigoyen Ponce

Hace 4 años

Cómo podríamos caracterizar un escenario en el que seres humanos que “merecen ser protegidos por el Estado”, y que además resultan en los hechos los grandes beneficiarios de la actual estrategia de seguridad, eso de “abrazos, no balazos”, deciden salir a las calles, en grupos, con sus armas de grueso calibre e irrumpen en tiendas y negocios, y los queman; detienen a los desafortunados automovilistas que se topan en su camino, y los despojan de sus vehículos para prenderles fuego.

Cómo podríamos caracterizar un escenario en el que estas personas, que gozan de todos los derechos que consagran nuestras leyes, pero que además tienen el poder que les otorgan sus armas, deciden salir a las calles y disparar indiscriminadamente contra civiles desarmados, contra ciudadanos cuyo único pecado es haber estado en el lugar y la hora “equivocados”, en esas calles, en esas tiendas que los sicarios decidieron atacar.

Cómo podríamos caracterizar un escenario en el que estos hechos que parecerían arrancados de un estado de excepción en el que el marco legal no es vigente, sino que impera la ley de la selva, se presenta en Jalisco, en Guanajuato, en Chihuahua y Baja California, y que todo ello ocurra en solo cuatro días, del 9 al 12, y que los presuntos responsables sean, todos, miembros de células del crimen organizado.

Tal vez, como lo caracteriza Andrés Manuel, el ponderar esos cuatro días en los que murieron 260 mexicanos, sea un “montaje propagandístico” de sus adversarios, o tal vez, como advierten los empresarios de Tijuana, narcoterrorismo… tal vez, y ante los ataques de estas bandas que demuestran una y otra vez que pueden hacer lo que literalmente les venga la gana, solo quede lo que pide la Alcaldesa de Tijuana, Montserrat Caballero, y cito: “les pedimos que cobren las facturas a quienes no les pagaron lo que les deben, no a las familias, no a los ciudadanos”. Solo le falto agregar el “por favor”.

En fin, el Presidente ve exageraciones en lo que otros podrían ver un paso más hacia ese lugar en donde los rifles de asalto resultan mucho, pero mucho más efectivos que las leyes y el Estado, y por ello cabría preguntar ¿qué más se necesitará para que los que nos gobiernan entiendan que se requiere, con urgencia, algo mucho más sólido y efectivo que los golpes de retórica para contener la inseguridad?

Queda como pregunta al aire.

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