Coahuila
Hace 4 años
Como reportero tuve la oportunidad de cubrir la celebración de los 100 años de la Fundación del Ateneo Fuente de Saltillo y Dios me permitió asistir a los festejos de los 150 años de esta ejemplar institución reconocida a nivel nacional.
En la ocasión del centenario era gobernador el ingeniero Eulalio Gutiérrez Treviño, y encomendó a su oficial mayor Humberto Gómez Villarreal la organización de los solemnes eventos. Fue una celebración muy bien cuidada, solemne, como lo ameritaba la ocasión.
La anécdota
A lo largo de mis años como comunicador he tenido la opción de accesar a diferentes anécdotas o detalles chuscos, de boca en boca, por periodistas o personas que me antecedieron. Hoy voy a contar una relacionada con el Ateneo Fuente.
La conmemoración de los 75 años de la llamada “gloriosa institución”, le correspondió al gobierno de Nemesio López Padilla, quien con su equipo puso especial énfasis a tal celebración, y como es suponer, organizó diferentes eventos culturales y deportivos, que culminaron con un rumboso baile en las terrazas del Ateneo Fuente, amenizado por una de las mejores orquestas de ese tiempo, la del maestro Jonás Yeverino Cárdenas, que era todo un lujo, pues entre sus miembros había músicos de la talla de los hermanos Nicolás y Toño Cuevas, así como el maestro José Tapia R., buenos ejecutantes de no solo música popular, sino clásica.
Al gobernador López Padilla le pareció que era necesaria otra orquesta que tocara ritmos tropicales, danzones, etc., y encomendó a su secretario particular, en el mismo instante del baile, conseguir un nuevo grupo orquestal.
Recorrió la ciudad, aquella pacífica provincianita que era Saltillo y nada. Alguien le espetó que en la céntrica zona de tolerancia de las calles de Terán había una murga muy bullanguera la de Larry Chon y logra convencerlo de que fuera al sarao en las terrazas del Ateneo.
Los funcionarios y el propio gobernador iban acompañados de sus respectivas esposas; la del secretario no era la excepción. Este se justificó ante su señora, bajo el argumento de que hubo que ingresar por primera vez a ese lugar pecaminoso para conseguir la música que quería el gobernador. Y la sacó a bailar.
Cuando la pareja ingresaba a la pista, el director del grupo orquestal, Larry Chon, reconoció al hombre y voz en cuello lo mencionó por su nombre y le dijo: ¡Licenciado con mucho cariño y respeto, vamos a tocar la que a usted le gusta, la de costumbre, Amor Perdido!
Pasaron algunos años para contentar y convencer a su mujer que él jamás había sido adicto a esos lugares de vicio y perdición que era la céntrica zona de tolerancia de la ciudad de Saltillo.
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