Hay líderes que pacifican y unen a una nación, y hay autócratas que la dividen y generan el odio entre los ciudadanos polarizándolos y confrontándolos entre sí. El primer caso es lo que sucedió en Yugoslavia con el perfil de gobernante de Josep Broz “Tito”, y el segundo es lo que trágicamente esta sucediendo en México con el autócrata que reina desde Palacio Nacional.
La semana pasada les comenté que he tenido la fortuna de estar viajando con 2 de mis hijos por varios países del este de Europa. Al conocer y compenetrarme con la historia, idiosincrasia y realidad presente de cada uno de los diversos países que conformaban la extinta Yugoslavia, considero pertinente compartir con ustedes información adquirida.
La estrategia utilizada invariablemente por Stalin para adueñarse de una gran cantidad de países europeos, e instalar en ellos gobiernos títeres comunistas, fue tan simple como que al ir venciendo y hacer huir al ejército nazi de Hitler, que había invadido territorio ruso, al retroceder los alemanes hacia Berlín, los rusos reconquistaban por segunda ocasión los países supuestamente liberados por ellos. Esto sucedió invariablemente con todos los países del este de Europa, a excepción de Yugoslavia, y este país se libró del terror ruso gracias a un gran líder, Josep Broz “Tito”.
Pero antes de reseñar las hazañas ‘de todo tipo’ de “Tito”, es menester poner en contexto todo lo que han sufrido los habitantes de esta asolada región de Europa.
Realmente Yugoslavia debería ser nombrada como Yugoeslavia, que literalmente significa “Tierra de los eslavos del Sur o Eslavia del Sur”, expresión compuesta de dos palabras del idioma serbio, Yug – “Sur” y Slavija – “Tierra de eslavos”. Los pueblos eslavos estuvieron sometidos a la dominación del Imperio romano de Oriente, los vénetos, los francos, los búlgaros, los turcos del Imperio otomano y los austriacos. Más tarde también fueron anexados al Imperio austrohúngaro y, posteriormente, a la invasión de las potencias del eje encabezadas por Hitler y la Alemania nazi.
Los conflictos de todo tipo continuaron uniendo y desuniendo a estos pueblos hasta que “Tito” logró la reunificación durante un tiempo considerablemente largo. Él nació en Croacia, en 1892, en una ciudad que ahora es Liubliana, la capital de Eslovenia. “Tito” fue el creador y máximo dirigente del régimen comunista en Yugoslavia (1945-1980). Modesto obrero croata, Josip Broz se acercó al socialismo a través de la acción sindical. Al estallar la Primera Guerra Mundial (1914-1918), fue movilizado por el Ejército austro-húngaro y cayó prisionero de los rusos. En Rusia se unió a los bolcheviques durante la Revolución rusa de 1917, para regresar luego a su país, recién integrado en un Estado de nueva creación: Yugoslavia. “Tito” actuó como dirigente del Partido Comunista Yugoslavo, que le eligió secretario general en 1937.
Durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), el país fue ocupado por la Alemania nazi (1941). Tito pasó a la clandestinidad y organizó la resistencia guerrillera contra los alemanes y los colaboracionistas, sin recibir ayuda ni de la Unión Soviética ni de los aliados occidentales. Los partisanos de “Tito” liberaron al país del ejército ocupante por sí mismos, circunstancia que determinó la instauración de un régimen político autónomo respecto a las dos superpotencias (la URSS y Estados Unidos).
En 1945 proclamó la República Popular Federativa de Yugoslavia, en la que ejerció el poder hasta su muerte, primero como Jefe de Gobierno (1945-1953) y luego como presidente de la República (1953-1980).
A pesar de la afinidad ideológica con la Unión Soviética, “Tito” tuvo el valor y las agallas para romper las relaciones con Stalin en 1948, afirmando su «vía nacional» al socialismo frente a la voluntad de dominación soviética. En consecuencia, no se integró en los sistemas de alianzas del bloque soviético, entablando, por el contrario, relaciones comerciales con los países occidentales e impulsando un movimiento de países no alineados (junto con Nasser, Nehru y otros).
La independencia política que le daba el hecho de ser la única de las ”repúblicas populares” de Europa Oriental que no había surgido de la intervención soviética le permitió construir un régimen socialista original, descentralizado y autogestionario.
La anécdota de todo este relato es como un verdadero líder pudo unir una diversidad de países con diferentes lenguajes, religiones e idiosincrasias en una sola nación que se enfrentó de tú a tú con las superpotencias y logró grandes beneficios para su pueblo, haciendo a Yugoslavia el mejor país para vivir y progresar en el este de Europa.
Y lo que es una desgracia para México y los mexicanos es que un taimador profesional como AMLO, a través de trampas y engaños, llegó a gobernar un país en el que no se marcaban con saña, dolo, e intenciones perversas las diferencias que existen entre los mexicanos.
“Tito” y el “Peje” son personajes completamente antagónicos: las luchas de “Tito” fueron en reales campos de batalla, donde un líder revolucionario que realmente ama a su pueblo y se entrega a él, templa su corazón y engrandece su espíritu. Aquí tenemos un ratón de coladera cuyas armas son la verborrea, la intriga y todo tipo de traiciones y falacias.
En Yugoeslavia después de más de 40 años de su muerte, a “Tito” el pueblo lo sigue recordando con cariño y le brinda homenajes.
¿Qué pasará con el “Peje” en muy pocos meses al esclarecerse la terrible verdad de la situación de nuestra patria, y el gravísimo daño que ha ocasionado?
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