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Coahuila

¡Va por México, va por la democracia!

Por Silvia Guadalupe Garza Galván

Hace 5 años

Queridas amigas y amigos, en esta oportunidad me gustaría compartir con ustedes algunas reflexiones sobre la Línea 12 del Metro de la Ciudad de México siniestrado los primeros días de mayo y a casi un mes de este lamentable suceso, lo único que tenemos claro fueron los tres días de duelo nacional o los –desafortunados– comentarios a la ligera, por decirlo menos, del titular del Ejecutivo, quien sostuvo en principio que la hipocresía no es su estilo y por ello no acudió a la zona de la tragedia.
Lo cierto –hay que decirlo– es que a la hora de lo ocurrido, es probable que al señor Presidente no se le haya querido interrumpir su sueño y fue hasta 10 días después que consideró referirse al tema.

Para la Jefa de Gobierno de la CDMX, al ser cuestionada sobre su futuro político, dijo que, sería “mezquino” pensar en un asunto político en ese momento, mientras que, los diputados de Morena, el partido mayoritario del Presidente de la República, rechazó la creación de una comisión plural para investigar con objetividad las causas del accidente, ocurrido en una línea, viciada de origen, conflictuada y señalada desde antes de su construcción, en torno a un tema central, el presupuesto invertido en un principio y a la falta del mismo para su mantenimiento.

Todo esto es lo político, nada más y nada menos que el sistema en marcha para encubrir, o al menos, sin la voluntad de sumar a la transparencia como un muro entre el ciudadano y el funcionario, porque lo real, es que corresponde a la titular de la Dirección General del Sistema de Transporte Colectivo (Metro) Florencia Serranía Soto, rendir cuentas, mas allá de un micrófono en una conferencia “mañanera”.

Al revisar esta secuencia de acción sobre lo ocurrido en la estación Olivos de la mal llamada Línea Dorada, y que cobró la vida de 26 personas, el impacto de la magnitud de esta tragedia se mide en la afectación irreparable a los deudos, así como a millones de usuarios que se han visto obligados no solo a modificar sus trayectos sino sus tiempos de traslado, los recursos que ahora deberán destinarse a las ineludibles investigaciones que se derivan de un evento de esta naturaleza, es una durísima fotografía de las circunstancias en las que se encuentra inmerso el país entero.

A esto equivale lo que se denomina como “compadrazgo”, que no es sino la oportunidad para personas –cercanas o protegidas– por quien ejerce el poder, aunque sin la capacidad y en algunos casos sin las suficientes credenciales para ocupar los cargos de dirección en los que son asignados y en otros, incluso ante el impacto negativo de sus gestiones, gozan del beneficio del amparo del Estado, como es el caso, en una sinergia a la inversa del interés ciudadano.

No es menor el actuar de los legisladores –de mayoría morenista, de hecho– no representar los intereses de los ciudadanos, es traicionar, no los ideales propios sino la razón de ser de nuestro encargo, nuestros ideales y convicciones, así como nuestras filiaciones políticas son la base que nos permite presentarnos ante el elector, para desarrollar un encargo.

La falta más grave del equilibrio entre los poderes de la Unión, no es el ejercicio del presidencialismo en su versión más nociva, sino la oportunidad que esto representa para el Ejecutivo, al arrebatar al ciudadano sus derechos esenciales y cooptar para sí, los servicios del Poder Legislativo, convirtiéndolo en una agencia de trámite que ya no representa al pueblo.

El ejercicio de la democracia a lo largo de los últimos 20 años, no consiste únicamente en su consolidación per se, la alternancia y el equilibrio de poderes, son el reflejo de una sociedad que paso a paso también ha venido madurando, cada vez más consciente, de una de sus facultades fundamentales, que es la de vigilar y evaluar las gestiones de aquellos ciudadanos a los que se les confiere el privilegio del servicio público.

Hago votos, para que, en la próxima jornada electoral, la sociedad pronuncie su voluntad, de manera contundente, en una nutrida jornada cívica, pacífica y en el marco de un estado de derecho.

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