Arte
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Grupo Zócalo
Publicado el sábado, 27 de agosto del 2022 a las 04:08
Ciudad de México.-Mientras crecía en Forth Worth, al director de orquesta Robert Treviño (Texas, 1984) no se le permitió aprender español, la lengua de sus padres y de sus abuelos, de raíces mexicanas y origen campesino. Su familia buscaba que nada se interpusiera en su futuro, convencida de que si hablaba castellano podría conseguir un trabajo, pero no llegaría a jefe.
Muchos años después, en una conversación con su colega Benjamín Juárez Echenique, éste le dijo: “Eres el director de orquesta mexicano más famoso ahora”.
Escuchar eso fue un shock para Treviño, un líder en la escena internacional que siempre había asumido su herencia cultural en el ámbito familiar, pero en el terreno musical era siempre referido como una batuta estadunidense.
Comparte en entrevista que hace 20 años, cuando comenzó su carrera, le aconsejaban presentarse sólo como estadounidense porque solía pensarse que un director mexicano era capaz de dirigir, además de a Carlos Chávez y Silvestre Revueltas, “tangos y pachangas”, pero que nunca estaría al frente de una agrupación alemana, por ejemplo.
Mientras que, de otro modo, lo esperado era que hiciera a Leonard Bernstein o George Gershwin.
Pero Treviño ha desbordado por mucho esos límites.
“
El mundo ha cambiado y me parece que puede ser positivo para otros asumir mi lugar”, dice, aunque no quiere que reconocerse como México-estadounidense sea interpretado como algo superficial.
Siempre ha procurado abrir oportunidades a otros que como él provienen de un medio desfavorecido. Algo que tiene que ver con su propio origen: su bisabuela no sabía leer ni escribir, mientras que su abuela cursó hasta el tercer grado de primaria y tenía tres trabajos, al igual que su padre.
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Cada generación ha ido un paso más allá”, dice orgulloso, refiriendo a una historia que encierra esfuerzo y trabajo y que Treviño juzga como “una historia mexicana”.
En ese abrir brecha para quienes vienen detrás ha fincado su filosofía: “Tengo mis talentos y los he desarrollado, pero puedo abrir la puerta a los que vienen y establecer un nuevo estándar”, comparte el director, que al momento de esta entrevista estaba en Italia para dirigir La rondine en el Festival Puccini.
Treviño es hoy una solicitada batuta tanto en Estados Unidos como en Europa: es el director musical de la Euskadiko Orkestra, en España; consejero artístico de la Sinfónica de Malmˆ, en Suecia, y conductor huésped principal de la RAI Torino, en Italia.
La suya es una carrera de sacrificio, talento y esfuerzo.
En su familia no había relación alguna con la música clásica, cuenta, y creció escuchando a Carlos Santana, Beastie Boys y Red Hot Chili Peppers, mientras que en sus reuniones sociales y familiares lo que sonaba era la música popular.
Su acercamiento a la clásica fue una revelación, a los 8 años, cuando su padre sintonizaba la radio de su pick up, pasó por una estación de FM y el pequeño Robert le pidió no cambiarle. “No sé qué sea, pero voy a dedicar a esto mi vida”, le dijo muy seguro a su padre. Después supo que se trataba de la “Lacrimosa” del Réquiem de Mozart.
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