De sobra sabemos que la pandemia nos vino a complicar la vida a todos. En el trabajo, en los centros de estudio, en las actividades personales. En fin, a todos nos afectó de alguna manera.
Fueron largos meses de encierro que, a pocos, muy pocos, quizás agradó. Como todo lo que es nuevo o diferente -en cuanto al comportamiento impuesto de cierta manera por el Covid- las redes fueron utilizadas para externar emociones o bien compartir actividades en casa.
Sin embargo, al ver que el problema de salud se extendía en tiempo y los contagios iban en aumento, lo que fue tomado como un encierro temporal se prolongó demasiado.
Como siempre, los más afectados han sido los niños. Tal vez las autoridades creyeron que no sería así, pero la realidad nos ha mostrado ya el verdadero rostro o las secuelas de un encierro forzado.
El dejar de asistir a clases presenciales y tomarlas a distancia, no fue la mejor opción para un buen número de pequeñitos que apenas empezaban a socializar unos, a asistir a la escuela primaria, otros.
La socialización a temprana edad es de suma importancia. ¿Quién no recuerda sus primeros cantos? ¿los juegos compartidos con amiguitos? ¿Cómo no recordar los primeros festivales?
La infancia es lo más bello que hay y pensar que por la emergencia de salud, un importante número de niños se perdió de una etapa escolar que no puede repetirse.
Algunas escuelas fueron abriendo sus puertas para recibir en clases presenciales a alumnos de diferentes grados. Ya era necesario; aunque hay que reconocer que se siguen guardando las medidas sanitarias tan necesarias por aquello del rebrote y para evitar
contagios.
El tiempo perdido, la larga ausencia de las aulas y el no ver a los amigos y seres queridos, sí afectaron emocionalmente a una población importante. Y es que el ser humano es sociable por naturaleza y requiere de la convivencia familiar pero también de la compañía de los amigos.
Tal vez haya sido poco el tiempo el que las escuelas tuvieron sus clases presenciales, pero el suficiente para comprobar que el aislamiento no le hace bien a nadie.
El aprovechamiento y rendimiento escolar tampoco es el mismo. A pesar de los avances tecnológicos y las herramientas existentes hoy en día, nunca será igual asistir de manera presencial a hacerlo a distancia. Al menos no en los primeros años.
Hay que aprovechar el potencial de nuestros niños, brindarles el apoyo para que desarrollen sus habilidades y vayan creciendo en el conocimiento por medio del aprendizaje.
Una forma de lograr impulsar a la niñez ávida de aprender es inscribirlos en los cursos de verano que se ofrecen en los espacios culturales en las ciudades de nuestro México. Diversas disciplinas se ofrecen donde pueden escoger. Danza, música, arte.
Muy variada la propuesta de cursos que se ofrecen en Casas de la Cultura para aprovechar el tiempo durante las vacaciones de verano. Una muy buena oportunidad que tienen las familias para que sus hijos se mantengan activos, se relacionen con otros niños de su edad y lo más importante, que se ocupen en algo que les reditúe beneficio en su salud mental y emocional.
Lo importante es mantenerlos activos, para alejarlos un poco de las redes en las que en ocasiones son “atrapados”.
El tiempo transcurrido durante la pandemia, no se puede recuperar. Sin embargo, si se puede ir creando nuevos espacios para ofrecer a quienes deseen aprender, crecer en el conocimiento y elegir, además de sus tareas escolares, una disciplina que les ayude en su formación.
Es el momento para ir descubriendo habilidades y poniéndolas en práctica con la guía de maestros que los impulsen en su desarrollo.
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