Hace días, la hija de María Corina Machado recibió el Premio Nobel de la Paz en nombre de su madre. Su hija, Ana Corina Sosa Machado, asistió a la ceremonia en Oslo para recoger el galardón, debido a que su madre no pudo viajar a tiempo desde Venezuela, ya que su salida era una situación de extremo peligro y no quería arriesgar su vida ni el futuro de su lucha.
Corina Machado es una política venezolana, principal líder de la oposición al chavismo y coordinadora de un movimiento en favor de la democratización de Venezuela, lo que le valió para ser galardonada con el Premio Nobel de la Paz.
En la ceremonia de entrega, la hija leyó el discurso de su madre en el que agradeció el honor para el pueblo venezolano y aseguró que “Venezuela volverá a respirar”.
… De mi padre aprendí que amar a Venezuela significa asumir la responsabilidad de su destino; sin embargo, como sociedad, no supimos hacerlo a tiempo.
Cuando comprendimos cuán frágiles se habían vuelto nuestras instituciones, ya era tarde. El cabecilla de un golpe militar contra la democracia fue elegido presidente, y muchos pensaron que el carisma podía sustituir el estado de derecho.
Desde 1999, se dedicó a desmantelar nuestra democracia: violó la Constitución, falsificó nuestra historia, corrompió a las Fuerzas Armadas, purgó a los jueces independientes, censuró a la prensa, manipuló las elecciones, persiguió a la disidencia y devastó nuestra biodiversidad.
La riqueza petrolera no se usó para liberar, sino para someter. Se repartieron lavadoras y neveras en televisión nacional a familias que vivían sobre pisos de tierra, no como símbolo de progreso, sino como espectáculo. Apartamentos se entregaban a unos pocos como recompensa condicionada a la obediencia.
Y entonces llegó la ruina: una corrupción obscena, un saqueo histórico. Durante los años del régimen, Venezuela recibió más ingresos petroleros que en todo el siglo anterior. Nos lo arrebataron todo.
El dinero del petróleo se convirtió en un arma para comprar lealtades en el exterior, mientras el Estado se fusionaba con el crimen organizado y con grupos terroristas internacionales.
La economía colapsó más de un 80%, la pobreza superó el 86%, y 9 millones de venezolanos se vieron obligados a huir.
Pero más profundo y corrosivo que la destrucción material fue el método calculado para quebrarnos por dentro. El régimen se propuso dividirnos: por nuestras ideas, por raza, por origen, por la forma de vida. Quisieron que los venezolanos desconfiáramos unos de otros, que nos calláramos, que nos viéramos como enemigos. Nos asfixiaron, nos encarcelaron, nos mataron, nos empujaron al exilio.
La posibilidad de un cambio se volvió una ingenuidad o una locura…. manifestó la galardonada.
El mensaje leído por la hija de María Corina Machado sobre la erosión democrática venezolana, el control estatal y la desesperanza, halla un eco preocupante en la narrativa política de México. Las similitudes: la polarización extrema, el uso de programas sociales como herramienta clientelar, y la concentración de poder en el Ejecutivo, y con él debemos darnos cuenta de que estamos en la ruta crítica, donde la retórica populista disfraza un avance silencioso hacia la regresión institucional. El camino recorrido en Venezuela, advertido hoy, es el mismo que, desde hace siete años, los mexicanos empezamos a trazar.
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