El 1 de mayo se celebra el Día Internacional de los Trabajadores. El origen de esta importante conmemoración, que se realiza en casi todos los países del mundo, reside en las reivindicaciones del movimiento obrero del siglo XIX.
Sabemos que todos los derechos humanos de los que nosotros hoy en día gozamos y que, en muchos casos damos por sentados, son el resultado de luchas, revoluciones y batallas. No solamente en sentido metafórico. Para el reconocimiento de nuestros más básicos derechos humanos se tuvo que pagar un costo muy alto. No estoy hablando de dinero. Hay alguien que dijo “Si cuesta dinero, está barato”. Estoy hablando más bien de un costo mucho más alto: muchas personas, mujeres y hombres, han sacrificado su propia libertad y en muchos casos también su vida, para que hoy en día los derechos humanos sean algo que nadie nos pueda quitar y que los Estados tienen la obligación jurídica de reconocer y proteger.
Sin embargo, y a pesar de los importantes avances que se han logrado en la materia, todavía hay un largo camino que recorrer para que la garantía de los derechos humanos sea una realidad para todas las personas y en las distintas latitudes del mundo. Y el derecho al trabajo no es ninguna excepción: son múltiples las áreas de oportunidad sobre las que se debería trabajar para que todas y todos tengamos condiciones de trabajo dignas, así como iguales oportunidades en términos de salarios, horarios, etcétera. La lista puede ser muy larga.
En estas líneas, yo quisiera concentrarme sobre un aspecto muy importante que muchas veces se deja de lado. El trabajo es una de las áreas más importantes de nuestras vidas. Cada uno de nosotros se desempeña en distintas facetas: vivimos nuestra vida personal, de pareja, familiar, social, y obviamente profesional. Y muchas veces se nos olvida que, junto con el respeto y la garantía de los derechos laborales previstos en la ley (en su acepción más amplia) el trabajo también nos tiene que dar felicidad.
En otra columna hablaremos sobre qué es la felicidad. Pero como buscamos satisfacción en los otros aspectos de nuestra vida, lo tenemos que buscar también en nuestra esfera profesional. También muchas veces se nos olvida que venimos a este mundo para ser felices, aunque crecemos con la idea de que tenemos que sufrir. Es mentira. Claro, la vida no es siempre sencilla. Siempre pasan muchas cosas que nos hacen sufrir y son inevitables porque son parte de la vida misma.
Pero cada uno de nosotros tiene la responsabilidad de su propia felicidad. Y parte de esta responsabilidad es tratar de buscar un trabajo que nos haga felices.
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