A raíz del trágico accidente que involucró a dos vehículos en la carretera Monterrey-Monclova, y que dejó por saldo seis personas muertas, entre ellas una niña, así como una decena de lesionados, se vuelven a prender los focos rojos respecto a los “aventones en los que se cobra para la gasolina”.
Son los cada vez más socorridos “raids”, en los que un vehículo particular ofrece traslados por carretera a un costo mucho menor al de autobuses foráneos, y no se diga de servicios de aplicaciones o taxis.
El problema es que este tipo de servicio implica muchos riesgos, ya que el chofer es particular y, por lo tanto, no se encuentra certificado ni verificado por ninguna instancia oficial, y por supuesto, en caso de algún accidente, pues no hay seguro que cubra los gastos que implique enfrentar la contingencia.
El tema es lo barato, lo que se llegan a ahorrar los usuarios de este clandestino y riesgoso servicio de traslados, y en ese aspecto no hay advertencia que valga, ya que finalmente no se utiliza por gusto, sino por necesidad.
Hay un testimonio, el de una señora que optó por subirse a una camioneta que la llevaría, junto con su nieto, a Minas de Barroterán, cerca de Sabinas, por 300 pesos. El boleto de autobús para ese trayecto cuesta 680 pesos. Ante esto, pues no hay advertencia que le haga cambiar de opinión a esa señora, para la que ahorrarse 380 pesos vale todo el riesgo que se pueda correr, así de simple.
En su fondo, como muchísimas cosas en este país, no se trata de indolencia o irresponsabilidad, es una cuestión económica, y al nivel en que impacta a la mayoría de los ciudadanos, en el que unos cientos de pesos pesan, y mucho. Entonces entre lo que es y lo que debería de ser, pues hay un abismo.
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