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Villa de Fuente la historia contada por el periodista José Luis Medrano Martelet seis años despué

  Por José Medrano Martelet

Publicado el sábado, 3 de abril del 2010 a las 15:00


¡Mami….mami… si tú te vas, yo me voy contigo..! fue el grito desesperado, angustioso del niño Luis Miguel Sánchez

Piedras Negras, Coah. – ¡Mami….mami… si tú te vas, yo me voy contigo..! fue el grito desesperado, angustioso del niño Luis Miguel Sánchez, entonces de 8 años de edad, al ver que su madre Rosa Elia Cisneros era arrastrada por la corriente al no poder soportar más la fuerza de la misma, mientras ambos se sostenían en la altura de un viejo pino.
Luis Miguel Sánchez trató de llegar al indefenso cuerpo de su madre entre las bravas aguas, y finalmente quedó atorado en la horqueta de un árbol, de donde fue rescatado.
Su madre murió en aquella inundación del 4 de abril del 2004 en Villa de Fuente.

También perdió a su abuela, Rosa Elia Galván y a su tía Beatriz, que fueron aplastadas por un carro que daba volteretas entre las bravas aguas.
La de Luis Miguel es sólo una de las muchas dramáticas y trágicas historias que se dieron aquel Domingo de Ramos de hace seis años.
Días después, en medio de la peor tragedia que se haya dado en aquella gran colonia, vendrían otros dramas, al irse conociendo en plenitud las consecuencias del devastador fenómeno natural:

“Yo te los devuelvo…me los dejaste muy poquito, pero yo te los devuelvo”, susurraba destrozado y con voz entrecortada Antonio Hernández, mientras daba sepultura a su hijo Anthony, apenas dos días después de sepultar a sus pequeñas hijas Lidia y Adriana, víctimas también de aquella inundación.
Eran adioses que desgarraban el corazón.

Era la crudeza de la naturaleza y la realidad de lo que parecía una mera pesadilla.
Nadie, ciertamente, esperaba que aquel domingo que lucía soleado y ofrecía todo para la convivencia familiar, oscureciera con toda una tragedia.
¿Cómo pensar que el tradicionalmente manso y frecuentemente entrecortado río Escondido, enfureciera súbitamente?

Y la mayoría de la gente de Villa de Fuente, convivía en sus hogares o paseaba con la tranquilidad que un día hermoso como aquél daba.
Pero ya por la noche, todo era caos, muerte, destrucción… y al día siguiente, Villa de Fuente lucía devastada.

38 personas murieron, de acuerdo con la lista oficial en base a identificaciones y reclamos de cadáveres, y siete más hasta ahora se encuentran desaparecidas.
Una de ellas, José Rubén Aldana, de 6 años cuando la tragedia y al que por meses sus padres buscaron por toda la ciudad, con la esperanza de encontrarlo vivo.
Su hermano Axel, de 3 años, murió también en la inundación y su cuerpecito fue rescatado.

Sus padres, José Rubén y Verónica Aldana, regresaron solos a Saltillo, de donde eran residentes, luego de un entusiasta viaje a la frontera estadounidense para comprar regalos para los pequeños.

La familia regresaba a la capital del estado, cuando la inundación los sorprendió al entrar a Villa de Fuente.
Su coche fue arrastrado por la brutal fuerza de la corriente y la familia extraída del mismo.

Los niños desesperadamente pedían ayuda mientras cada vez más se alejaban de sus padres, zarandeados también por la corriente, hasta que los perdieron de vista.
La madre quedó seriamente lesionada al ser golpeada por troncos de árboles, láminas y otros objetos, y el padre milagrosamente quedó enganchado en una cerca ciclónica y se salvó.

Y muchas otras cosas terribles ocurrieron aquella noche.
Las autoridades y cuerpos de rescate poco pudieron hacer por evitar la pérdida de vidas.

La inundación fue sorpresiva, pero aún así, rescatistas, policías y sobre todo héroes anónimos, lograron salvar muchas vidas.
Cada quien tiene su historia, son muchas y la mayor parte de ellos prefiere callarlas, sólo por no recordar aquella terrible tragedia.

Dentro de lo doloroso, también se dieron auténticos milagros.
Bebés flotando en sus portabebés, lograron ser salvados.

En otros casos, ya vencidos por la corriente y a punto de morir, no pocos fueron rescatados por desconocidas manos salvadoras que llegaron justo al momento.
Eran las de los héroes anónimos, aquellos que por alguna circunstancia estuvieron en el lugar y en el momento de poder salvar vidas.
Seis años después, muchos de los sobrevivientes tratan de recordar quiénes fueron sus salvadores.

“No lo conozco, pero era un hombre joven que me sujetó de un brazo y me llevó a lugar seguro cuando me ahogaba”, recuerda Cipriano Martínez, un hombre que residía en Villa de Fuente y que se ha mudado del lugar.

Aquella tarde noche de tragedia difícilmente podrá olvidarse, a lo menos por aquellos que la vivieron en carne propia… convivencia familiar…

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