No hay nada más violento que el racismo convertido en antisemitismo. ¿Por qué lo digo? Gracias a la periodista Philissa Cramer del diario The Jerusalem Post, me enteré que en la puerta del edificio de la Suprema Corte de Justicia, al lado de Palacio Nacional, aparecía a raíz de la marcha de la Generación Z del sábado pasado un grafiti pintado con aerosol, que decía “puta judía” además de una estrella de David tachada con pintura roja. Incluso el canciller israelí Gideon Sa’ar emitió un comunicado en español e inglés:
“Israel condena enérgicamente los insultos antisemitas y sexistas dirigidos a la Presidente de México, Claudia Sheinbaum. No hay lugar para este tipo de ataques en el discurso político. Todas las formas de antisemitismo, en cualquier contexto, deben ser rechazadas de manera inequívoca”.
A mí también me indignó, me dolió y me enojó. De hecho ya me encontraba contrariada por la forma tan violenta en que se había desarrollado la marcha por parte de los granaderos enviados del oficialismo y por los jóvenes y no jóvenes, que llevaban la cara cubierta, y que en medio de su aparente indignación destrozaban todo aquello con lo que se encontraban. Acompañando a esta violencia física, era inevitable recurrir a la verbal por ofensiva que hubiera sido.
¿Por qué referirse en esos términos tan racistas a la Presidenta? Es verdad que la gente está muy enojada y harta de toda la violencia e inseguridad que acontece diario en nuestro país. ¿Qué le pasa a una sociedad que no se siente protegida y ni escuchada? Grita, destruye e insulta. Leamos lo que dice Alberto Capella, un testigo presencial: “La marcha comenzó su desplazamiento alrededor de las 11 de la mañana. Desde el inicio quedó claro que se trataba de una movilización plural, integrada por: familias completas, personas mayores, jóvenes, adultos de todas las edades, profesionistas, grupos de vecinos, ciudadanos sin estructuras corporativas.
Visualmente predominaban: banderas asociadas a la Generación Z, numerosas banderas nacionales, y el color blanco, símbolo universal de paz. Las consignas fueron permanentes, claras y numerosas: contra Morena, contra Claudia Sheinbaum, contra Adán Augusto López, contra Gerardo Fernández Noroña, y sobre todo, exigencias insistentes de justicia por el asesinato de Carlos Manzo. El ambiente era pacífico, indignado y decidido. Durante más de tres horas, desde Reforma hasta Eje Central, el flujo fue un río humano ininterrumpido”.
Más adelante Capella narra la llegada al Zócalo: “La llegada al Zócalo: un operativo diseñado para inhibir, no para proteger. Al aproximarnos al Zócalo, observé un operativo que no buscaba proteger monumentos ni facilitar la llegada de la ciudadanía, sino inhibir la concentración masiva. El dispositivo de contención estaba conformado por: vallas metálicas formando una estructura en L alrededor de la Catedral y Palacio Nacional, cierre con vallas en Eje Lázaro Cárdenas y Francisco I. Madero, único acceso real por la calle 5 de Mayo.
Este tipo de configuración genera confusión, lentitud, fragmentación y temor. Quien conoce estas tácticas sabe que están diseñadas para reducir el impacto visual, político y numérico de una concentración ciudadana”.
En cuanto al grafitti antisemita no pude evitar evocar lo que padeció la sobreviviente del Holocausto Simone Veil, estando al frente del Ministerio de la Sanidad en el Gobierno del expresidente Valery Giscard d’Estaing a ella también la insultaban los diputados en el Congreso por el solo hecho de ser judía. Indignada como estaba, seguía luchando no nada más con argumentos de peso sino con estadísticas confiables: “No podemos seguir cerrando los ojos ante los 300 mil abortos que, cada año, mutilan a las mujeres de este país, que pisotean nuestras leyes y que humillan o traumatizan a aquellas que tienen que recurrir a ellos. […] Ninguna mujer recurre con alegría al aborto. Siempre será un drama, y como drama quedará para siempre”.
En esos días de tanta polémica empezaron a pintarrajear las puertas de su departamento y su edificio con la suástica. Ahora gracias a la “Ley Veil” creada por ella, tiene al lado de Victor Hugo un lugar en el Panteón de hombres y mujeres ilustres de París.
Más sobre esta sección Más en Nacional