Saltillo|Monclova|Piedras Negras|Acuña|Carbonífera|TorreónEdición Impresa
América clasifica a la Liguilla de último tras perder por la mínima ante Atlas México frente a la IA: entre el impulso externo y la deuda interna en productividad Gabriela Jáquez debuta con el Chicago Sky de la WNBA en pretemporada Chivas empata sin goles ante Xolos y dejan escapar el liderato de la Liga MX Toluca rompe su mala racha y cierra el Clausura 2026 con goleada al León

Zócalo

|

     

Opinión

|

Información

< Opinión

 

Nacional

Pedro

Por Guadalupe Loaeza

Hace 1 mes

Para Diana.

“Pedros” ha habido millones en todo el mundo desde hace siglos, pero Pedro Friedeberg únicamente ha habido uno, el artista mexicano más original y creativo del siglo XXI.

“Mi arte es mi vida”, solía decir habitualmente con un sombrero estampado de cebra o bien tejido en palma. “Pedro” también se llama el maravilloso documental realizado por Liora Spilk Bialostozky, el cual obtuvo varios premios en España, Italia y México con el Ariel.

En él vemos a Pedro junto con Liora viajar por los canales de Venecia. De allí que el relato resulte además de interesante, muy tierno.

 

 

Pedro dibujaba desde los cinco años.

Aunque siempre se resistía a hablar de su niñez, sabemos que nació en la ciudad de Florencia, Italia, el sábado 11 de enero de 1936, a las cinco de la tarde en punto. También sabemos que fue reconocido con el nombre de Pietro Enrico Hoffman.

Desde que Pedro era un niño muy pequeño tenía una memoria prodigiosa.

“Esta capacidad de memoria por el pasado debe considerarse una de mis variadas y prodigiosas cualidades, ya que tengo muy presente la forma en que, a los tres años de edad y junto con mi madre, abandoné Italia contra la voluntad de mi padre biológico, Heinrich Hoffman.

Mi madre, Gerda Landsberg, decidió dejar Alemania e irse a vivir a Italia en 1935, un año antes de que yo naciera, debido a la orientación que estaba tomando el Gobierno de gorilas locos con Hitler en la cabeza”.

Pedro y su madre llegaron a México durante el periodo del general Lázaro Cárdenas, “lugar en el que al poco tiempo mi madre acabaría por contraer matrimonio con Erwin Friedeberg, quien me dio su apellido al asumirse como padre adoptivo”.

Según la madre de Pedro, su hijo siempre tenía un lápiz en la mano: “Este niño, desde muy chico y antes de hablar o caminar, no soltaba ni lápiz ni papel.

No jugaba: dibujaba fascinado edificios viejos y, sobre todo, iglesias antiguas. Por años se acordaba de Santa María Novella, de donde habíamos vivido cerca”.

La biblioteca de Pedro en su casa de la colonia Roma se compone de 25 mil libros, en varios idiomas. Los tenía muy ordenaditos, clasificados y muy bien cuidados. Cuando no estaba pintando, estaba leyendo a los filósofos del siglo XVIII.

Su casa era un verdadero museo, atiborrada de objetos de arte de todo tipo, esculturas de sillas mano en todos los materiales (una de las primeras la compró Brigitte Bardot) sillas de mariposa, sillones Luis XV forrados de tela de cebra, etcétera, etcétera.

Su decoración era tan original, que la revista Architectural Digest le hizo un reportaje.

“Acostumbraba ir a casa de Chucho Reyes, y él tenía muchos más objetos que yo”, dice Pedro, aunque yo puedo asegurar que no es cierto, porque de joven yo iba a comer todos los jueves a casa de los Reyes, y no le llegaba de ninguna manera a la de Pedro, quien afirmaba que tenía terror al vacío.

A Pedro le gustaba mucho jugar al ajedrez, escuchar la música de Erik Satie y se encantaba con lo absurdo. No tenía televisión, ni usaba celular. Era muy amigo de la poeta Pita Amor, tenía enmarcadas sus décimas, las cuales se sabía casi de memoria.

 

 

Si algo le importaba a Pedro, era la amistad.

Nunca he conocido a nadie tan generoso con sus amigos y amigas, como Pedro. A mí me hizo el enorme favor de dibujarme las viñetas de todas las categorías de Las niñas bien, mismas que aparecen publicadas en la nueva versión del aniversario por los 40 años del libro.

Cuando le quería comprar un grabado: “Me lo pagas cuando puedas.

No te preocupes, lo importante es que lo tengas”. Por cada uno de mis cumpleaños, me mandaba cartas de felicitación con soles y lunas.

“Todos tenemos que morir y es como un alivio para muchos. También es un alivio para las artes, que ya están todas cargadas de nombres.

Ya no se usan las agendas, ¿no? Yo llevo todavía una en la mano y ya está llena de crucecitas” (Reforma).

La misma que tendré que agregar en mi lista de contactos en mi correo electrónico. Como dice su eterna amiga Déborah Holtz: “Detestaba los homenajes, las lágrimas, toda la parafernalia que implica rendir tributos y bla bla bla; todas esas formalidades.

Él era alérgico a toda esta serie de ceremonias, le daba repelús”, comentó en entrevista para nuestro diario.

Aunque Pedro detestaba las lágrimas, a mí todavía me faltan muchas por vertir por su ausencia.

 

Notas Relacionadas

Exige Senado cuentas a Chihuahua por operativos de la CIA

Hace 5 horas

“Nunca hay que poner en riesgo la soberanía” Sheinbaum

Hace 5 horas

Claudia Sheinbaum manda mensaje a Trump tras tiroteo en Washington

Hace 5 horas

Más sobre esta sección Más en Nacional

Hace 5 horas

Músculo priísta

Hace 21 horas

El partido de Claudia

Hace 21 horas

Comisión especial sobre agentes de la CIA