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Grupo Zócalo
Publicado el sábado, 31 de enero del 2026 a las 09:57
Ciudad de México.— Pepsi vuelve a sacudir una de las rivalidades más longevas del marketing global con una jugada tan provocadora como simbólica y es apropiarse del oso polar, ícono histórico de Coca-Cola, para colocarlo en el centro de su nuevo spot global. No es nostalgia gratuita ni trolling publicitario; es una declaración estratégica. Con “The Choice”, la marca reabre el debate sobre el sabor y pone en jaque décadas de lealtad construidas más por imaginarios que por paladar, con Pepsi Zero Sugar.
El Super Bowl sigue siendo el escaparate publicitario más influyente del mundo, pero su verdadero impacto ya no se limita a lo que ocurre durante el partido. En una era de atención fragmentada, el evento se ha consolidado como un fenómeno cultural donde la publicidad deja de ser interrupción para convertirse en contenido esperado, comentado y amplificado a escala global.
Cada edición convoca a más de 110 millones de espectadores solo en Estados Unidos, pero el dato clave no es la audiencia, sino la atención. A diferencia de otros espacios televisivos, el Super Bowl es uno de los pocos momentos en los que el público permanece frente a la pantalla con disposición activa hacia los anuncios. Esa predisposición convierte al evento en un laboratorio único para medir el impacto emocional, narrativo y estratégico de las marcas.
Recordemos que el precio de un anuncio de 30 segundos en el Super Bowl ha escalado hasta alrededor de 7 a 8 millones de dólares para el juego de 2026.
Pepsi le roba el oso polar
La campaña marca el regreso de Pepsi Zero Sugar al mayor escaparate publicitario del planeta el Super Bowl y lo hace retomando un argumento clásico de su ADN, cuando desaparecen las etiquetas, el consumidor elige Pepsi. En una categoría donde el branding suele pesar más que el producto, la marca apuesta por dinamitar esa lógica desde adentro.
Dirigido por Taika Waititi, “The Choice” se construye alrededor de una prueba a ciegas. El giro narrativo es claro, el oso polar, liberado del peso simbólico de su historia, elige Pepsi Zero Sugar frente a su competidor. La decisión funciona como metáfora de un consumidor que se atreve a cuestionar hábitos heredados y creencias automatizadas.
Pepsi has released their Super Bowl ad that restarts the soda wars by stealing Coca Cola’s iconic polar bear mascot. pic.twitter.com/C0qb0YgJsq
— DiscussingFilm (@DiscussingFilm) January 29, 2026
Este recurso no es nuevo, pero sí oportuno. Desde los años setenta, la Pepsi Challenge ha demostrado que, en tests a ciegas, una mayoría de consumidores prefiere el sabor de Pepsi frente a Coca-Cola. Estudios académicos y de mercado —incluidos análisis replicados por universidades como Baylor y publicaciones en Journal of Consumer Psychology— han documentado el llamado Pepsi Paradox, cuando las marcas están ocultas, gana Pepsi; cuando se revela la etiqueta, la preferencia se invierte. La diferencia no está en el gusto, sino en el significado cultural asociado a la marca.
Pepsi decide volver a ese terreno en un momento clave, cuando las generaciones más jóvenes muestran menor lealtad histórica y mayor disposición a revisar decisiones de consumo si el beneficio es tangible.
Zero Sugar: el nuevo campo de batalla
El foco en Pepsi Zero Sugar no es casual. De acuerdo con estudios de Nielsen y Euromonitor, las bebidas sin azúcar son el segmento de mayor crecimiento dentro de las carbonatadas, impulsadas por consumidores que buscan reducir calorías sin renunciar al sabor. En ese contexto, la promesa de “mejor sabor” vuelve a ser relevante.
La campaña no se limita al anuncio de 30 segundos que se emitirá durante el Super Bowl LX. Incluye activaciones digitales, experiencias presenciales, contenido social y promociones que buscan provocar conversación y, sobre todo, experimentación. Pepsi entiende que el verdadero reto no es ganar likes, sino lograr que el consumidor vuelva a probar.
Este tipo de competencias en el marketing, no son nuevas, ejemplos los vemos en la rivalidad comunicacional de marcas como McDonald`s y Burger King.
En una industria donde la diferenciación es mínima y la memoria colectiva pesa toneladas, “The Choice” no pretende destronar al gigante, sino introducir una duda. Y en marketing, sembrar la duda correcta puede ser más poderoso que cualquier eslogan.
Pepsi no está diciendo que es la más querida. Está diciendo algo más peligroso: que quizá siempre supo mejor. Y ahora quiere que el consumidor lo compruebe por sí mismo.
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