El 26 de abril es el llamado Día de la Visibilidad Lésbica, el cual existe precisamente para reconocer ante el mundo esta orientación sexual, milenaria como la misma especie lo es, pero nombrada y visibilizada hasta hace muy poco. Incluso cuando se declaró a la homosexualidad como un crimen, al lesbianismo se le omitió porque en realidad nadie creía que existiese, porque la idea de la heteronorma la convierte en una aberración: no es una posibilidad de conexión reproductiva, entonces no existe.
En Occidente, el tratamiento de las orientaciones sexuales no heteronormadas, como la lesbiana, es parte de una socialización moralista y que no ha querido admitir las diferentes preferencias del ser humano, lo cual nos ha llevado a esta sociedad llena de tabús que hasta apenas hace muy poco se ha abierto a la diversidad.
En Inglaterra, Anne Lister una terrateniente de Yorkshire nacida en 1791, fue de las primeras lesbianas occidentales en ser abiertamente obvia, con novias y diarios que detallaban sus aventuras con otras mujeres. Con un código que ha sido meticulosamente estudiado y analizado, así como decodificado, Lister narró su vida como lesbiana desde muy joven, escandalizando a todo mundo, pero a la vez inspirando dramatizaciones como fue Gentleman Jack, basada en esos testimonios.
Vestida siempre masculina y de negro, se hacía llamar Señor Jack y no tuvo empachos en cortejar a otras mujeres abiertamente. El dinero y la capacidad de mantenerse a sí misma, ayudó a Lister a ser una lesbiana visible, pero esto no quería decir que estuviera fuera del escándalo social. Desde chavita intentaron confinarla en una institución de señoritas de la época, para que se regenerara y volviese al camino de una mujer heterosexual, pero esos mismos castigos la orillaron a afirmar su condición de lesbiana y a consolidarla al vestirse como hombre.
Cabe mencionar que la homosexualidad y el lesbianismo se han relacionado muy cercanamente al travestismo, pero hay que señalar que la expresión sexual del sexo opuesto, en realidad es una manera de anunciar que no se es heterosexual. Por ejemplo, en la historia de los 41, los famosos gays del porfiriato cuando cacharon a Ignacio de la Torre en una fiesta gay, siendo este el yerno de Porfirio Díaz, muchos estaban vestidos de mujer. En realidad solo hacían una caracterización y afirmaban su filiación. El travestismo solo marcaba la diferencia y la necesidad de comunicarlo.
De sus más de 6 mil páginas de diarios, salieron muchas historias y todo un estudio lingüístico para descifrar lo que decía, ya que en todos ellos definía de forma precisa sus encuentros sexuales que mantuvo desde joven con numerosas mujeres. Ahora forman parte del patrimonio histórico de Inglaterra, que nos revelan cómo la orientación sexual puede ser, sino aceptada, al menos tolerada en los casos de personas de una posición económica y social privilegiada, como el de Anne Lister.
Los testimonios y vida sexual de Lister también ayudan a que se visibilice la forma en que las mujeres de su tiempo ejercían su vida sexual. Eran más recatadas, no era comentada su sensibilidad ni tampoco había un gran avance en el estudio de los padecimientos ginecológicos de las mujeres, y recordemos que estaba por venir la cura para la histeria, misma que se popularizó durante la era victoriana.
Ser lesbiana ahora no es considerado un estigma, pero sigue siendo una orientación sexual poco comprendida y aceptada. Las formas de ser visibles ahora de las lesbianas no tienen ni deben ser de acuerdo con un patrón machista o varonil, sin embargo, aún prevalece esta forma de verlas y estigmatizarlas.
Levitando: [email protected]
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