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Coahuila

Vita eterno, eterna vida

Por Gerardo Hernández

Hace 5 años

Toda ciudad tiene sus personajes entrañables. En mi ciudad y en la Comarca Lagunera, Rafael Castillo, «Vita Uva», es uno de ellos. Fallecido el 17 de mayo a los 84 años, Renata Chapa le dedica a él su Imaginario colectivo («Espacio 4», 667).

«Vita Uva vino a insertarse en el acervo de los más enraizados lagunerismos. Es parte inamovible de su historicidad. No fue en mi infancia, sino hasta mi juventud universitaria, al radicar en el municipio más poblado de la Comarca Lagunera, cuando conocí aquel constructo cultural llamado “Vita Uva”. Regresaba de una temporada anual de estudios en el norte del estado de Florida, Estados Unidos, y tenía bastante clara la frase, “A la tierra que fueres, haz lo que vieres”. Me enteré de que “Vita Uva” era el nombre artístico de un payaso “que, aquí, todos conocen”, dijeron mis compañeros de clase. “El de la tele”. Y con eso empecé a armar mi propio personaje.

»Esperaba ver atuendo y maquillaje con predominante color morado. Su nombre me pareció de origen obvio: la vid, las vitivinícolas, por su poderoso capítulo histórico regional. Casi vi bordadas unas parras brillosas, con muchas lentejuelas en el disfraz de mi primer Vita Uva. Y, como la uva es uno de mis frutos consentidos desde niña, cifré a los referentes y al referenciado con alegres certezas. Supe que así lo reconocería en algún canal local de TV o en una foto de El Siglo o La Opinión. Corría el año de 1987.

»“¡Cómo que con un cuerno azul de peluche!”, me pregunté en voz bastante alta el día que, por fin, lo vi en la pantalla chica. “¿Y ese cuerno qué tiene que ver?”, inquirí como infante entercada, desilusionadísima. Casi a finales de los 70, yo había sido una niña fanática empedernida de Cepillín, “el payasito de la tele”. Supongo que, gracias a ese estupendo recuerdo, asociado a la figura de mis padres y a los estudios de Televisa donde coincidimos con él, anidé la esperanza de reencontrarme con otro muy querido “payaso de la TV” en la ciudad donde me tocaba vivir y, así, sosegar a mi niña interior.

»La primera impresión ante Vita Uva quebró todavía más mis expectativas: ¿peluca roja? ¿Chaleco azul? ¿“Empijamado” de todos los colores menos el morado? En su vestimenta nada había de las uvitas luminosas cosidas con los hilos de mi fabulación. Sin embargo, la magia de don Rafael hizo su efecto y me rendí a su imagen; a la parsimonia de su hablar; el timbre un poco grave, un poco carrasposo; sus enternecedores movimientos y bailes con apenas unas dos o tres rayitas de energía; la sonrisa nada abrumadora, más bien traviesa. (…) Pero mi cariñosa aceptación —esa que hasta hoy que escribo en honor y gratitud a su memoria— fue por su enternecedora narrativa, plagada del más vívido folklore de Torreón, Coahuila, de Gómez Palacio y Lerdo, Durango, y sus barrios populares.

»Cómo no rendirse ante su insistente mención de tener antojo de un taquito de platillos típicos laguneros, como la “carnita con chile” que describía casi, casi al dente. Cómo no querer ser amiga de don Rafa al escuchar sus consejos para las niñas y niños para que se portaran bien, hicieran la tarea, se levantaran temprano, y que luego, de manera insólita abría suspenso para “agarrar el cotorreo” con el camarógrafo, el microfonista, el director del canal, con la recepcionista y convertir al set en una sala de alguna familia de las colonias Lucio Blanco, Eduardo Guerra o de la Polvorera en Torreón. (…)

«¡Vita Uvitas!», le gritaba al encontrarlo en cualquier lado. Corría a plantarle un abrazo y él comenzaba a platicarme algunos de sus lamentos acompañados de sus buenos deseos. (…) Yo siempre creí que Vita sería eterno. Y hoy me aferro, como niña, a que mi Vita Uvitas lo es. Estoy segura de que no soy la única que piensa y siente así. Comprobarlo día a día es el más precioso reconocimiento que, en vida, fue labrado por el hombre detrás del payaso y por el payaso vuelto hombre.

»“¡Ay, caray, caray!”: sembrado en el corazón». (Texto completo en espacio4.mx)

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